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El volcán Malacara, una caminata por pasadizos de roca amarilla y depósitos negros en el sur mendocino

En el paraje La Batra, cerca de Malargüe, el predio de la familia Quezada permite recorrer dos de las tres cárcavas del volcán y ascender a un mirador con vista a la laguna de Llancanelo. La apertura turística se gestó a partir de los trabajos de la geóloga Corina Risso.

Por Diego GuancaPoliciales y judiciales · 19 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En el sur de la provincia de Mendoza, el volcán Malacara ofrece al visitante la posibilidad de recorrer su interior mediante una caminata que atraviesa pasadizos excavados por la erosión entre paredes onduladas, roca amarilla y depósitos negros. El atractivo se ubica en el paraje La Batra, dentro de un campo de la familia Quezada, que administra los accesos y organiza las salidas.

El recorrido, según se informó, atraviesa dos de las tres cárcavas que presenta el volcán y culmina en un mirador desde el cual se distingue, a lo lejos, la laguna de Llancanelo. Los tres cráteres ubicados en la parte alta del Malacara quedan prácticamente ocultos para quien transita por abajo, a causa de la configuración del terreno y de la cobertura vegetal.

Cómo se formó el paisaje

La geóloga Corina Risso, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, explicó que el Malacara se originó por la interacción del magma con agua, posiblemente proveniente de una antigua laguna. Ese contacto fragmentó la lava y generó la alteración de los materiales que hoy se observan como superficies amarillas. Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción prosiguió y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores.

Con el paso del tiempo, la erosión provocada por el agua y por el viento abrió los corredores que actualmente se recorren durante la visita. Los depósitos son frágiles y pueden desgranarse al contacto manual, por lo que se recomienda no tocarlos.

  • Caminata por dos de las tres cárcavas del volcán.
  • Ascenso a un mirador con vista hacia la laguna de Llancanelo.
  • Observación de paredes de roca amarilla y depósitos negros.
  • Recorrido acompañado por guías locales de Malargüe.

De la investigación académica al turismo de aventura

La apertura turística modificó el uso de un sector del campo donde los Quezada criaban animales. En 2000, Risso llegó al lugar con la ayuda de Alberto "Beto" Quezada. Dos años más tarde, la investigadora presentó sus trabajos en Malargüe, en tanto la familia comenzó a vincularse con guías de la zona para ofrecer las primeras recorridas.

Las salidas iniciales se realizaban a caballo, por senderos del propio predio. En 2006, una antigua huella petrolera posibilitó el ingreso con camioneta y, más tarde, con maquinaria para acondicionar el camino. La propuesta combina caminata, observación de las formaciones volcánicas y una vista panorámica del paisaje desde el mirador.

DG
Diego GuancaPoliciales y judiciales

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