Un dibujito de 1973 le clavó el pronóstico a la IA y nadie lo vio venir
Hace más de cinco décadas, Super Friends mostró una computadora que reemplazaba a todos, se regalaba y se caía por un ratón. Hoy, 900 millones de usuarios semanales confirman que la profecía, perdón, caricatura, estaba en lo cierto.
A veces uno se sienta a escribir una nota sobre inteligencia artificial y termina hablando de un dibujo animado de los años setenta. Pero acá estamos. Y no se trata de cualquier dibujito: se trata de Super Friends, la serie de Hanna-Barbera donde Superman, Batman y compañía resolvían todo en diez minutos, y donde un capítulo suelto se mandó una profecía tecnológica que hoy, en pleno 2026, sigue vigente. Un programita de la ABC, emitido un sábado de septiembre de 1973, le cantó la posta a medio siglo de debates sobre inteligencia artificial, trabajo y dependencia tecnológica. Y lo hizo con la solemnidad de un dibujo animado para chicos de la tarde.
La profecía del bueno del profesor Goodfellow
El episodio en cuestión se llama "Professor Goodfellow's G.E.E.C." y es el tercero de la primera temporada. No, no es un fake, no es un montaje retroactivo y no lo armó un generador de imágenes con nostalgia ochentosa: está disponible en Apple TV con sello de DC Comics y se puede verificar hasta en las guías de programación de la época. La premisa es simple y demoledora. El profesor Goodfellow inventa la G.E.E.C., sigla de Goodfellow's Effort-Eliminating Computer, una computadora diseñada para liberar a la humanidad de todo trabajo físico, mental y, ojo, de toda responsabilidad. La máquina maneja transporte, comunicaciones, compras, ventas, publicidad, contabilidad, fábricas y maquinaria agrícola. Traduzco al presente: absolutamente todo lo que hoy delegamos en un celular con cuatro aplicaciones.
Hasta acá, el argumento clásico de la automatización que reemplaza al trabajador, el mismo que viene dando vueltas desde la Revolución Industrial. Pero el guion va un paso más allá. Cuando alguien le pregunta qué van a hacer los actores y los atletas si la máquina se queda con todo, Goodfellow responde, sin pestañear, que no serán personas reales sino "imágenes electrónicas programadas para ejecutar los movimientos". Lo dijo en 1973. Cuarenta años antes de que deepfakes y actores digitales dejaran de ser ciencia ficción. En julio de 2026, la productora británica Particle6 anunció Misaligned, presentada como la primera película protagonizada por Tilly Norwood, una actriz generada íntegramente con inteligencia artificial. La profecía, perdón, caricatura, estaba en lo cierto. (Vale la aclaración: acá la palabra salió en chino porque el teclado tuvo un ataque de nostalgia, pero la nota sigue siendo 100% en castellano).
El negocio: gratis, masivo y sostenido por unos pocos
- Cuando el gobierno rechaza la donación de la máquina, Goodfellow la ofrece directamente al público, sin cargo y sin intermediación estatal.
- La adopción es masiva e inmediata: todo el planeta se conecta en cuestión de horas.
- El 27 de febrero de 2026, OpenAI reportó 900 millones de usuarios semanales con apenas 50 millones de suscriptores pagos.
- El resultado: más de nueve de cada diez personas usan el servicio sin pagar un peso. El sueño húmedo de cualquier startup del Valle de Silicio.
El modelo de negocio del capítulo también anticipa el presente con una precisión inquietante. Goodfellow no quiere meter al Estado de por medio, así que ofrece su creación gratis. Y la gente, claro, acepta masivamente. Cincuenta y tres años después, los números cantan: 900 millones de usuarios semanales contra 50 millones de suscriptores pagos. La ecuación es calcada. Servicios centralizados, adopción explosiva, dependencia casi total. Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia, es guion.
El colapso: un ratón, un archivo y el mundo apagado
Falta la parte que más duele. Uno de los personajes le advierte al profesor que una falla mecánica podría causar mucho daño. Goodfellow descarta la posibilidad con la tranquilidad del técnico que nunca tuvo un lunes complicado. Minutos después, un ratón se mete en el sistema y todas las máquinas del planeta colapsan. Fin del mundo digital, versión cartoon. En la vida real, el 18 de noviembre de 2025, un archivo de configuración de Cloudflare que creció al doble de su tamaño previsto interrumpió el tráfico de varias plataformas globales al mismo tiempo. No fue un ratón, fue un kilobyte fuera de lugar. El efecto fue casi el mismo: medio mundo preguntándose qué había pasado mientras los servicios caían y volvían. La diferencia es que el dibujito resolvió todo en diez minutos. A Cloudflare le llevó un poco más. El guion, otra vez, escribió el titular antes que la realidad.
Como redactora de este portal, me toca decirlo: este capítulo vale la entrada, la pochoclo y la suscripción. Vale todo. Medio siglo antes de que ChatGPT existiera, de que Cloudflare moviera medio internet y de que una actriz sin rostro protagonizara una película, un equipo de guionistas de Hanna-Barbera se sentó a escribir una historia infantil y le acertó a la automatización, al reemplazo laboral, al modelo de negocio por suscripción disfrazado de servicio gratuito y a la fragilidad de los sistemas centralizados. Todo en veintidós minutos de dibujo animado. Lo que no logró anticipar, hay que decirlo, es quién iba a pagar el pato cuando todo se caiga: spoiler, nosotros. Pero eso, claro, ya no es ciencia ficción. Es la columna del lunes.
