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Pardo, el pueblo de las dos hectáreas y media que Borges eligió para escribir el Sur

A 200 kilómetros de Buenos Aires, sobre la Ruta Nacional 3, el paraje rural del partido de Las Flores celebra los 150 años de la llegada del primer tren con un fin de semana de desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. Entre sus calles de tierra y sus casonas sobrevive un pasado literario que atraviesa a Bioy Casares, Silvina Ocampo y el autor de "El Sur".

Por Agustina ToledoAmbiente y agua · 10 de septiembre de 2026 · hace 2 h

En el cruce de la Ruta Nacional 3 y el tiempo quieto de la pampa bonaerense, el paraje de Pardo se prepara para festejar los 150 años de la estación de ferrocarril que le dio origen. Aquella primera formación llegó el 18 de septiembre de 1876, cuando el pueblo todavía no existía más que como un nombre de campo en una escritura de compraventa. Hoy, con menos de 200 habitantes y dos hectáreas y media de manzanas delineadas por calles de tierra que llevan nombres de árboles, el lugar se dispone a recibir el fin de semana del 19 y 20 de septiembre a vecinos, visitantes y curiosos del patrimonio literario con un desfile gaucho, un baile popular y un almuerzo criollo.

Una raíz francesa en Rincón Viejo

La historia del paraje se cruza con la literatura argentina a partir de 1835, cuando Juan Bautista Bioy, inmigrante francés, le compró un campo a Lino Pardo —el hombre que le dejó el nombre al lugar— y fundó la estancia Rincón Viejo. Junto al camino que con el tiempo sería la Ruta 3, Bioy levantó también una pulpería, aquella primera posta donde se servían guisos y se contaban novedades. Décadas después, su nieto Adolfo Bioy Casares empezó a pasar los veranos en esas mismas tierras junto a su esposa, Silvina Ocampo, y recibía las visitas de Jorge Luis Borges y de Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur.

En esos veraneos tomaron forma colaboraciones literarias concretas. Bioy Casares escribió en Rincón Viejo "La invención de Morel", publicada en 1940. Borges menciona la estancia en su cuento "El Sur". Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba principalmente a la pintura, descubrió en Pardo su veta de escritora; ese ambiente rural aparece en "Viaje olvidado" (1937) y en "Autobiografía de Irene" (1948). Borges y Bioy firmaron juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una obra de literatura fantástica y policial que dejó marca en las letras argentinas.

La estación que se negó a morir

El pueblo nació en torno a la estación del ferrocarril, y ese edificio fue testigo mudo del crecimiento y del olvido. Sobrevivió al cierre del servicio ferroviario y hoy aloja al Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, un acervo que reúne fotografías, libros, documentos y objetos personales del escritor y reconstruye, al mismo tiempo, la vida rural del lugar. Entre los documentos se conservan las partidas del casamiento de Bioy Casares y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940, un papel que vale tanto por lo que dice como por el silencio que dejó en los anales locales.

  • La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada a la familia Bioy.
  • La escuela que lleva el nombre del abuelo francés del escritor, huella institucional del origen del pueblo.
  • El Club Unión Deportiva, punto de reunión de un pueblo que se sabe chico y lo celebra.
  • El bar-pulpería La Vieja Estación, montado en el predio de una antigua estación de servicio, con comidas de olla en invierno, parrilla en verano y opciones vegetarianas; abre fines de semana y feriados.
  • Cuatro cabañas y un camping con parador para motorhomes que ya incluye descarga de aguas negras y grises, una rareza en parajes rurales.
  • El Proyecto Yamay, que ofrece cabalgatas por los campos que vieron nacer "La invención de Morel".

Para visitar Pardo alcanza con caminarlo: son pocas cuadras de calles tranquilas, con su iglesia centenaria, su escuela con nombre de tronco francés y su club social. La oferta de alojamiento y gastronomía sigue siendo chica, pero crece al ritmo de los aniversarios. En este 2026, con el sesquicentenario como excusa, queda flotando una pregunta que ningún cartel del Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares se anima a responder: quién autorizó que se cumplieran 150 años sin un plan oficial de preservación del casco histórico y quién decide, fecha tras fecha, qué se protege y qué se deja a la intemperie del tiempo.

AT
Agustina ToledoAmbiente y agua

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