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No todo atún es igual: las claves para elegir pescado sin pasarse con el mercurio

La agencia sanitaria española marca cuatro especies con tope de consumo y diferencias claras entre el atún rojo y el que llega enlatado. Embarazadas, lactantes y menores de 14 años son los grupos con más cuidado.

Por Martín NievaDeportes · 20 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A la hora de poner pescado en la mesa, el dato que manda no es el color de la carne sino la especie que tenemos enfrente. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) viene repitiendo hace tiempo una recomendación simple: variar entre blancos y azules, comer entre tres y cuatro porciones por semana y tener cuidado con cuatro nombres puntuales que cargan más mercurio que el resto.

Los cuatro grandes que hay que mirar de reojo

Pez espada, tiburón, lucio y atún rojo. Esa es la lista corta de especies donde el metilmercurio se acumula con ganas. El consejo oficial es directo: evitarlos durante el embarazo, en la búsqueda de un embarazo y en la lactancia. La restricción también se extiende a los chicos y chicas menores de 10 años. Para los que tienen entre 10 y 14, el tope es de 120 gramos por mes. La razón es biológica: ese mercurio puede cruzar la placenta y molestar al sistema nervioso que todavía se está formando.

Lo que me parece clave para el lector de a pie es entender la diferencia entre el atún que se vende fresco y el que llega en lata. El primero, el rojo, es el que la agencia pide restringir. Las conservas que tenemos en la alacena, en cambio, se hacen con atún claro o listado, dos especies más chicas y de vida más corta, que acumulan mucho menos mercurio. Mismo nombre comercial, pescado distinto.

El menú que sí se puede repetir

  • Merluza: blanca, noble y con bajo contenido de mercurio.
  • Sardina: azul chico, rico en omega-3 y de los más seguros.
  • Bacalao: blanco, magro y rendidor para todas las edades.
  • Salmón: azul de criadero o de mar, con buen perfil nutricional.

Estos cuatro son los clásicos que los nutricionistas recomiendan alternar. Aportan proteínas, yodo, selenio y omega-3, justo lo que el cuerpo necesita, sin la mochila pesada del contaminante. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria fijó una ingesta semanal tolerable de 1,3 microgramos de metilmercurio por kilo de peso corporal. Un número pensado para que la gente coma tranquila mientras el pescado sigue en la mesa.

En resumen: el pescado sigue siendo uno de los grandes aliados de la alimentación, pero no todos los paquetes son iguales. Saber qué especie estamos comprando y a quién va dirigida la porción es lo que marca la diferencia entre comer rico y comer con cuidado. Para el resto, la regla de oro sigue siendo la de siempre: variar, variar y variar.

MN

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