Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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Margay, la reserva misionera donde el arroyo te despierta y el monte te enseña

A 290 kilómetros de Iguazú y 40 de El Soberbio, esta reserva privada invita a una escapada de dos o tres días con cabañas sobre el agua, kayak, senderos y un vivero que repobla la selva paranaense. El cronista lo cuenta desde la ribera del arroyo Paraíso.

Por Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo · 16 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Estoy sentado en el deck de madera con los pies colgando y una taza de café con aroma a yerba recién cebada. Delante mío, el arroyo Paraíso corre lento y verde, casi transparente, y del otro lado se levanta la selva cerrada como una pared viva. El ruido es chico: agua contra las piedras, bichos cantando, alguna bandada que cruza el cielo. Es la primera imagen de Margay, una reserva privada de Misiones que ya de entrada te baja los cambios.

La reserva queda a 290 kilómetros de Iguazú y a unos 40 de El Soberbio, el pueblo que también sirve como puerta de entrada a los Saltos de Moconá. Para llegar hay que entrar a Misiones por la ruta 14 y después tomar caminos vecinales hasta el paraje; la última parte es de ripio y se hace mejor con el tanque lleno y sin apuro. Conviene quedarse dos o tres días: el lugar pide tiempo lento, no una escapada de paso.

Dónde dormir y qué llevar en la mochila

La reserva tiene cuatro cabañas apoyadas casi encima del arroyo, rodeadas de vegetación. Amanece con el canto del agua y se duerme con el coro de ranas y grillos. El deck común sirve para desayunar mirando la corriente y para merendar cuando el calor afloja.

Para armar la mochila hay que pensar en dos climas en un mismo día. La lista que recomiendan es: muda para mojarse, calzado de trekking, pantalón largo, camisa de manga larga, abrigo para la noche, repelente, protector solar, sombrero y anteojos. Y un dato clave: febrero y marzo son los mejores meses para visitarla.

Qué se hace durante el día

El día se reparte entre tres actividades. La primera es caminar: hay senderos autoguiados para los que quieran ir a su ritmo y caminatas con guía profesional, que va explicando plantas, aves y rastros de animales del monte. La segunda es el kayak en el propio arroyo Paraíso, una manera silenciosa de meterse en la selva desde el agua. Y la tercera es la visita al vivero Kawsay, donde se producen especies nativas para recuperar zonas degradadas y para el arbolado urbano.

Ese vivero genera entre 100.000 y 200.000 plantines por año, una cifra que sorprende cuando uno ve las bandejas ordenadas. El proyecto se llama M2 por Naturaleza y apunta a restaurar superficies de selva afectadas por la producción y por incendios. Margay ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que protege 253.000 hectáreas de selva paranaense.

  • Cabañas sobre el arroyo Paraíso, con deck compartido para desayunar mirando el agua.
  • Caminatas con guía por el monte, con lectura de plantas, aves y rastros de fauna.
  • Kayak por el arroyo, en formato tranquilo y para principiantes.
  • Visita al vivero Kawsay, con la explicación del trabajo de restauración.
  • Fogón nocturno con conversaciones sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano.

A la noche, la reserva propone algo que ya parece perdido: juntarse alrededor del fogón. Ahí se habla de la cultura guaraní, se cuenta la historia del lugar y se sirve pescado cocinado en hojas de banano, una preparación típica de la zona. La gastronomía del lodge trabaja con productos frescos y orgánicos de identidad misionera, algo que se nota en cada plato.

Detrás de la parte más linda para el visitante hay un trabajo serio de conservación. El equipo cuida plantas como el palo amargo y sigue a la fauna con cámaras trampa, con el objetivo de desalentar la caza. También ensaya sistemas agrícolas que mezclan cultivos y árboles nativos y que sirven para recuperar suelos y biodiversidad al mismo tiempo.

Cómo organizar el viaje y cuánto sale

El dato de un vecino del lugar

“Acá lo más lindo es que al tercer día ya no querés mirar el celular. El arroyo suena toda la noche y uno se acostumbra a dormir con eso, después en la ciudad lo extrañás. Lo que le digo a la gente es que venga con ropa para mojarse, que se largue al kayak, y que se quede hasta el fogón, porque ahí se conocen las historias del monte.”Carlos, guía de la reserva Margay

Si lo que uno quiere es selva de verdad, agua limpia y la sensación de estar parado adentro de un sistema que se está reparando, Margay cumple. No es un parque con pasarelas: es un alojamiento chico sobre el agua, con proyectos vivos y con gente que conoce cada planta del sendero. Por eso la recomendación es clara: dedicate tres días, dejá el reloj en la cabaña y entrá al monte con la cámara y los oídos abiertos.

GC
Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo

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