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Las brujas Owen se despiden a medias y dejan la puerta abierta al grito

La secuela de Prácticamente magia cierra los conflictos grandes pero deja a Gillian y a las más jóvenes con la palabra pendiente. Acá va la crónica de un final que se siente a cierre y a prólogo al mismo tiempo.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 14 de septiembre de 2026 · hace 36 min

A veces uno va al cine esperando el broche de oro y termina saliendo con la sensación de que alguien le cortó el libro a la mitad. Eso me pasó con Prácticamente magia 2, esa secuela que llegó casi tres décadas después de la original y que tenía la misión imposible de juntar a Nicole Kidman y Sandra Bullock otra vez, como si el tiempo no hubiera pasado, como si Hollywood no hubiera cambiado tanto, como si nosotros tampoco.

El cartel ya prometía: la familia Owen reunida, una amenaza nueva y la promesa de cerrar el círculo. Y en parte lo cierra. Las hermanas vuelven a la carga con Tom Bailey, un pariente lejano sin un gramo de magia pero con bastante mala leche, que quiere adueñarse del famoso libro de hechizos para arreglar sus propios problemas. No la pasa bien. Las Owen lo bajan entre todas con un conjuro colectivo que funciona a modo de recordatorio: acá siguen mandando ellas.

El verdadero precio se paga en Massachusetts

Mientras tanto, en otro frente, Frances descubre la única manera de romper la maldición que carga la familia desde hace generaciones: la de las mujeres Owen que, como si fuera un karma con rima, terminan causando la muerte de los hombres que aman. La solución es de las antiguas, de las que duelen: hace falta un sacrificio personal. Frances lo hace, lo entrega, y el premio llega del lado que más importa: Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde la primera entrega, por fin despierta.

Vale la entrada. No por los fuegos artificiales ni por los efectos, que están correctos sin más, sino por esa decisión narrativa de poner el cuerpo. Frances no gana con un truco: gana cediendo algo que no se recupera. En un cine acostumbrado a resolver todo con un chasquido de dedos, eso se agradece.

Lo que queda dando vueltas

  • El arco de Gillian queda sin un cierre definitivo, más sugerido que resuelto.
  • Las más jóvenes de la familia apenas empiezan a tantear sus poderes, con todo por explorar.
  • Queda pendiente qué harán con el negocio familiar, que es la marca identitaria de las Owen.
  • La relación de Sally con Ian, un personaje nuevo, queda más esbozada que consolidada.

Después de eso, la película entra en zona de reconstrucción: Kylie se casa con el recuperado Gideon, Sally reacomoda su vida sentimental y las pibas Owen empiezan a hacer chispas con una magia que recién descubren. No hay escena poscréditos, no hay guiño explícito a una tercera parte, tampoco hace falta. El final funciona como final, pero deja la conversación abierta como una ventana que no se cierra del todo.

¿Hacen falta tres películas? Mirá, depende. Si la idea es darle a Gillian el cierre que se merece y dejar que las más jóvenes crezcan con sus propios poderes, bienvenido sea. Si es para estirar la franquicia porque la original encontró una segunda vida en las plataformas de streaming y el algoritmo dice que la nostalgia rinde, me reservo el entusiasmo. La pregunta no es si se puede: es si se tiene algo nuevo para contar. Por ahora, esta segunda parte cumple, emociona en los lugares correctos y deja con ganas. Ya es más de lo que muchas prometen. Vale la mitad, pero la mitad buena.

Me voy a permitir un reconocimiento fuera de libreto: la edición de esta entrega encontró el tono exacto para una reunión familiar que no cae ni en la parodia ni en la solemnidad. Es un mérito chico, casi de artesanía, que en tiempos de revivals automáticos se agradece como agua en el desierto.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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