Estrellas amarillas y una cuenta que no cierra: mil kilos contra ochenta de cuerpo humano
Una campaña presentada en la Legislatura porteña recordó que el peatón es el eslabón más débil de la calle y reclamó al Congreso avanzar con una reforma penal que endurezca las sanciones para el manejo con alcohol, las picadas y la fuga tras un atropello.
En la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se presentó esta semana una campaña de la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito que pone sobre la mesa un dato tan simple como incómodo: cualquier conductor fue, es y será peatón. La frase, casi un lugar común, funciona como punto de partida para discutir por qué las calles y las rutas argentinas siguen cobrándose vidas que, en la mayoría de los casos, se podrían evitar.
La desproporción que nadie quiere mirar
Un vehículo particular promedio pesa más de mil kilos; un cuerpo humano, entre sesenta y noventa. La diferencia es de más de un orden de magnitud y se traduce en algo que las estadísticas confirman año tras año: cuando un auto y una persona se cruzan, la peor parte siempre la lleva el segundo. La campaña de la Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito pidió que esa asimetría deje de ser un detalle técnico y se convierta en el eje de cualquier política de seguridad vial.
Una historia que sostiene el reclamo
La referente de Madres del Dolor, Viviam Perrone, encabez la presentación. Su hijo Kevin Sedano tenía 14 años cuando fue atropellado el 1 de mayo de 2002 en Vicente López; el conductor se dio a la fuga y el adolescente murió una semana después. Desde entonces, Perrone acompaña a familias atravesadas por siniestros viales y empujó reformas legales que aún no terminan de concretarse.
Qué se le pide al Congreso
- Sanciones más severas para quien conduce bajo los efectos del alcohol.
- Agravantes para los conductores que participan en picadas ilegales.
- Tipificación específica del abandono de la víctima después de un atropello, figura conocida como fuga.
- Avance en el tratamiento del proyecto que aguarda en el Congreso.
Las estrellas amarillas como memoria y denuncia
La iniciativa recupera además el símbolo de las estrellas amarillas, las marcas que familiares pintan o colocan en los puntos donde alguien perdió la vida en un siniestro vial. Funcionan como memorial, como advertencia y como recordatorio de que detrás de cada señal de tránsito hay una historia. La tradición lleva décadas y se transformó en una herramienta de presión para reclamar leyes más firmes.
En la Argentina, la Ley Nacional de Tránsito 24.449 establece en su artículo 51 que el conductor debe siemprepriorizar la integridad física de los demás usuarios de la vía, y su artículo 52 fija la obligación de prestar asistencia a las víctimas. Las conductas que la campaña busca agravar encuadran, en muchos casos, en el artículo 84 del Código Penal, que pena las lesiones culposas aggravadas por la conducción imprudente, y en el artículo 94, que contempla el abandono de persona. Pregunta que sigue sin respuesta clara: cuántos atropellos seguidos de fuga se reiteraron desde la muerte de Kevin Sedano y qué hicieron, en ese mismo período, los poderes encargados de cumplir y hacer cumplir esas normas.
