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A menos de cien kilómetros de Buenos Aires, el Camino Real revive entre asados, viñedos y carretas del siglo XVII

Un tramo pavimentado de 16 kilómetros en el partido de Luján invita a una jornada completa con gastronomía criolla, granjas, tirolesas y la historia de las postas que alimentaban a las caravanas hacia el Alto Perú.

Por Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Desde Tafí del Valle les cuento lo que vi y lo que vale la pena saber: a ochenta y cuatro kilómetros de Buenos Aires, apenas el Acceso Oeste y la ruta 7 separan a la ciudad de una jornada que parece sacada de otra época. El Camino Secundario Provincial 064-05, conocido como el Camino Real al Alto Perú, arranca en el kilómetro 72 de la ruta 7 y se extiende durante dieciséis kilómetros pavimentados hasta Villa Ruiz, en el partido de Luján. La huella es la misma que a mediados del siglo XVII transitaban las carretas cargadas de plata, con sus postas de descanso y aprovisionamiento. Hoy esas paradas se reinventaron como restaurantes de campo, granjas educativas, lodges con spa, viñedos y campings, y el resultado es un paseo que se disfruta de punta a punta.

Qué ofrece el camino, parada por parada

El ingreso marca el tono: a la derecha aparece un lodge con spa y propuestas de aventura como tirolesas, y dos kilómetros más adelante funciona una granja con laguna donde el almuerzo criollo se sirve con fiambres, empanadas, pastas, asado y postre, complementado con talleres de amasado de pan y contacto con animales. La jornada arranca a las diez de la mañana y se extiende hasta la merienda, así que conviene ir con tiempo y.

Según se avanza hacia Carlos Keen, el recorrido se llena de parrillas, casas de campo y comedores de cocina criolla. En uno de ellos, atendido por la misma familia desde hace generaciones, el menú se sostiene con recetas que llevan más de un siglo en la misma mesa. Otro, enclavado en un bosque, se hizo fama por su picada, sus empanadas y las carnes a las brasas. Más allá de Carlos Keen, el tramo hasta Villa Ruiz suma un viñedo con catas y recorrida entre cepas de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan, con menú y maridaje incluido. Después aparece un restaurante con parque que ofrece menú libre y actividades al aire libre pensadas para toda la familia: búsqueda del tesoro, vóley, fútbol, juegos de mesa y taller de pan.

  • Casona de 1897 reconvertida en hotel de campo, con comedores especializados en lechón a la estaca, bondiola con salsa de cerveza negra y pastas caseras.
  • Granja con laguna, talleres de amasado de pan y contacto con animales, abierta desde las 10 hasta la merienda.
  • Viñedo con catas, recorrida entre cepas y menú con maridaje, después del paso por Carlos Keen.
  • Restaurante con parque, menú libre y actividades recreativas para grandes y chicos.
  • Lodge con spa y propuestas de aventura, ubicado en el primer tramo del camino.

El recorrido también tiene su lado histórico, y vaya si lo vale. En las afueras del pueblo de Azcuénaga se conserva parte de las instalaciones de una estancia construida en 1755, donde en 1834 se firmó un documento político clave del período rosista. Por ese mismo sitio pasaron figuras centrales de las guerras civiles argentinas, y caminar por ahí se siente como pisar un capítulo del libro que muchos dejamos en la escuela.

Cómo llegar y cuánto sale comer

Para ir en auto desde Buenos Aires hay que tomar el Acceso Oeste hasta Luján y luego la ruta 7; en el kilómetro 72 se dobla a la derecha. Carlos Keen queda a doce kilómetros de ese desvío y funciona como el corazón gastronómico del recorrido. Los valores de los menús varían según el establecimiento: el almuerzo en la granja con laguna, que incluye fiambres, empanadas, pastas, asado y postre, suele moverse en un rango accesible para una salida familiar; las catas con maridaje en el viñedo tienen un costo mayor pero incluyen el recorrido entre las cepas; y la propuesta del restaurante con parque, con menú libre más actividades, se presenta como una opción intermedia para pasar el día completo sin preocuparse por nada.

Antes de cerrar, una recomendación que vale oro: consultados por este paseo, los lugareños insisten en reservar con anticipación, sobre todo los fines de semana, porque la capacidad de los comedores es limitada y la demanda crece. Quien quiera escucharlos de primera mano puede confiar en Miriam, la encargada de uno de los restoranes de Carlos Keen, a quien le escuché decir mientras servía unas empanadas bien calientes: "Vengan con hambre y sin apuro, acá el tiempo pasa distinto". Y tiene razón. A menos de cien kilómetros de la ciudad, el Camino Real todavía guarda ese ritmo de las postas, el olor a leña y el gusto de las recetas que se transmiten de generación en generación.

GC
Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo

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