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Una búsqueda policial en medio de la nada: la película turca que se atreve a no tener prisa

Nuri Bilge Ceylan convierte una pesquisa nocturna por las estepas en una experiencia hipnótica. Casi tres horas para encontrar un cuerpo que nadie recuerda dónde dejó. Spoiler: lo que se encuentra en el camino es otra cosa.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 3 de septiembre de 2026 · hace 3 h

Lo que cuenta el cartel es simple hasta la crueldad: un fiscal, un médico forense y un puñado de policías salen de noche, con dos tipos medio borrachos como guías, a buscar un cadáver enterrado en las estepas turcas. Lo que no dice el cartel —y ahí está la trampa, el encanto, el peligro— es que Nuri Bilge Ceylan va a tomarse dos horas y media para contárnoslo. Sin apuro. Sin concesión. Como la vida misma, que también se empecina en no resolverse.

Porque acá no hay búsqueda del tesoro ni giro de guion que valga. Los sospechosos, convenientemente pasados de alcohol en el momento del entierro, no recuerdan dónde dejaron el cuerpo. Y entonces la comitiva se larga a rodar por un paisaje árido, oscuro, que parece sacado de un sueño pesado. La noche turca no es decorado: es un estado de ánimo. Es esa sensación de que el campo abierto, lejos de liberar, aplasta.

El ritmo como declaración de principios

Ceylan es de esos directores a los que les sobra oficio y les falta paciencia para los estándares de Hollywood. Su cine mira. Se detiene. Carga la cámara en una pausa antes de hablar, en una luz lejana que aparece como una promesa, en el cansancio que se le va dibujando a un tipo en la cara. Acá lleva esa costumbre hasta el hueso. La duración no se justifica con una trama complicada: se justifica con una mirada que se niega a cortar lo que otros filmes ni siquiera registrarían.

Las conversaciones que llenan el trayecto parecen intrascendentes. Los personajes cuentan anécdotas, se distraen, dudan, filosofan barato sobre la vida y la muerte mientras manejan por caminos de tierra. Pero de a poco esas chácharas van sumando peso. Lo que se va acumulando no es suspenso en el sentido clásico: es algo más parecido al agotamiento. El de ellos. El nuestro. El de cualquier persona que convive a diario con la podredumbre y va perdiendo capacidad de mirarse al lado.

El veredicto, para que nos entiendan: vale la entrada. No, mejor dicho: vale la película entera, pero hay que saber en qué anda uno. Si llegás al Filmin buscando el thriller que te deja al borde del sillón, te vas a frustrar a los cuarenta minutos y vas a querer cobrarle al director los minutos perdidos. Pero si te sentás con la cabeza abierta a dejarte llevar por una noche larga, polvorienta y demasiado humana, lo que te queda es de esas cosas que dan vuelta en la cabeza durante días.

La película, ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes y pieza central del cine turco contemporáneo, está disponible en la plataforma Filmin. Y un elogio escondido para ese equipo de sonido que supo capturar el silencio de la estepa como si fuera un personaje más: gracias por recordarnos que, a veces, lo que no se dice es lo que más pesa.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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