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Ted Lasso aprende la lección que nunca le enseñaron: cortar a tiempo

La cuarta temporada de la serie de Apple TV+ introduce a Alice Chilton, una asistente con el mismo combo de talento y mala leche que terminó volviendo loco a Nate Shelley. La diferencia es que esta vez Ted lo ve venir antes de que el gallinero arda.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 5 de septiembre de 2026 · hace 9 h

A esta altura, decir que el cartel de Ted Lasso sigue inflando expectativas es una verdad de Perogrullo. La serie de Apple TV+ vuelve con su cuarta temporada y, para variar, se las ingenia para no repetirse: en lugar de presentarnos a otro personaje entrañable y ya, mete a una asistente del equipo femenino del Richmond que tiene más mala leche que el primer café de un lunes. Su nombre es Alice Chilton y, créanme, la van a recordar.

El eco de Nate Shelley

Chilton arranca como una entrenadora asistente con carácter, de esas que parecen la sucesora natural de Roy Kent. Pero el quinto episodio la reencausa hacia un lugar mucho más conocido para los seguidores de la serie: el costado oscuro del ascenso profesional. Talentosa, frustrada, con dificultad para encajar en el clima de abrazos y crecimiento personal que promueve Ted. ¿Les suena? A mí me suena a la primera temporada de Nate Shelley, encargado del material que terminó convertido en entrenador asistente gracias a la confianza ciega de Lasso, y que después se pasó de rosca cuando esa confianza se le fue de las manos.

El material es claro con el paralelo. Mientras Ted construye su habitual ambiente de equipo basado en lo colectivo, Chilton siente que no recibe la misma atención que sus pares. Esa percepción se transforma en irritación y la irritación estalla en un entrenamiento, después de descubrir que las jugadoras están más interesadas en la vida sentimental del entrenador que en escucharla a ella. El punto de quiebre, vamos, es de manual.

  • Alice Chilton (Tanya Reynolds) es la incorporación clave del equipo femenino del Richmond.
  • Comparte con Nate Shelley el mismo punto de partida: talento, frustración y dificultad para encajar en el grupo.
  • La chispa se enciende cuando descubre que las jugadoras están más pendientes de Ted que de su trabajo.
  • La serie traza un paralelo explícito con la primera temporada de Nate, antes de su caída.
  • Ted esta vez actúa antes: suspende a Chilton en pleno partido para frenar el daño.

Un Ted que ya aprendió a soltar

Lo que cambia, y no es poco, es la reacción de Ted. En las temporadas anteriores el personaje era más bien permisivo: confiaba hasta el hartazgo y esperaba que la gente respondiera con la misma buena fe. Esta vez no. En cuanto detecta que el comportamiento de Chilton empieza a hacer mella en el grupo, la suspende durante un partido. Decisión fuerte, sin vueltas, que la serie presenta como madurez y no como traición al discurso del abrazo. Ayudar a las personas, dice Ted con los hechos, ya no es aguantar que lastimen a otras. Punto para Lasso, que por fin entendió algo que en la primera temporada le costaba horrores.

Hay un antecedente que pesa sobre Chilton y que el propio vestuario tiene presente: su paso anterior junto a Gemma, una jugadora que se alejó temporalmente del fútbol por las críticas despiadadas de la asistente. Cuando el grupo lee sus reacciones, lo hace con esa mochila cargada. El margen de error, como se imaginarán, no es precisamente generoso.

¿Hacia dónde va a terminar la historia? La temporada todavía tiene aire para decidirlo. Mientras tanto, vale la entrada: Ted Lasso sigue encontrando la manera de hablar de cosas serias sin perder su tono cálido, y esta vez lo hace sin necesidad de un villano, sino mostrándonos que la verdadera amenaza a veces es alguien que uno mismo eligió. Y un elogio merecido, como siempre, para el equipo de guionistas que se animó a contar lo mismo desde otro ángulo sin aburrir. Se nota cuando hay oficio.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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