Stan, a sus 41, vuelve a Flushing Meadows: el US Open le abre la puerta para el último baile
Una lesión de último momento le regaló al suizo el lugar que no había ganado en la clasificación. Hace exactamente diez años levantó el trofeo en esa misma cancha. Djokovic, otra vez en el cuadro, lo espera.
A los 41, con el paso cansino y la espalda pidiendo clemencia, Stan Wawrinka se sacó el pasaje para el US Open 2026. No fue por ranking ni por wild card: le llegó de regalo, casi de chiripa, porque Patrick Kypson se rompió antes de tiempo y la organización tenía un hueco que llenar. Y se lo llenaron al suizo. Justo a él. Al que en esa misma cancha, hace exactamente diez años, le ganó una final épica a Novak Djokovic y se llevó el tercero de sus tres Grand Slam.
Me cuesta imaginar un guion más redondo. Wawrinka no estaba en los planes: quedó fuera de las invitaciones, nadie lo tenía en la lista, su nombre no figuraba. Hasta que la baja del estadounidense le abrió una puerta que estaba cerrada con llave. Y del otro lado lo esperaba Nueva York, esa ciudad que lo vio campeón en 2016 con un tenis de puño limpio, de derecha que todavía hace temblar a los que la padecieron.
Minuto cero: el golpe que le cambió la noche
“Estoy increíblemente emocionado de aceptar la invitación para el Abierto de Estados Unidos y espero con ansias competir nuevamente frente a los aficionados en Nueva York.”Stan Wawrinka
Así lo dijo él al enterarse. Con la voz de un tipo que sabe que esta vez no va por el título: va por la despedida. Va a sacarse la foto, va a pisar el Arthur Ashe, va a sentir el aliento de la tribuna. Y después, Dios dirá.
2016: la final que todavía se recuerda
- Resultado: Wawrinka venció a Djokovic por 6-7(1), 6-4, 7-5, 6-3.
- El título en Flushing fue su tercer Grand Slam, luego de Australia 2014 y Roland Garros 2015.
- Diez años después, ambos siguen anotados en el cuadro principal del US Open 2026.
- El torneo arranca el domingo 30 de agosto.
Y acá se me prende la mecha, lo admito. Djokovic también está. Los mismos dos de aquella noche, otra vez en la misma pista, separados por una década. Si el sorteo los cruza antes de la final, el Arthur Ashe va a temblar como en 2016. Y si se cruzan en la final, mejor todavía: sería el cierre perfecto para una de las rivalidades más lindas de la última época.
La previa tuvo su show aparte
Antes del cuadro, el estadio se llenó para ver a Roger Federer de vuelta. Exhibición, sí, pero con Federer siempre hay algo más. Se midió con Andy Roddick, el estadounidense que durante su carrera lo enfrentó 24 veces entre 2001 y 2012 y apenas pudo ganarle tres. Esta vez, a un solo set, Federer se impuso por 6-3. Después, se separaron para un dobles de lujo: McEnroe y Agassi completaron la noche. Historias vivas, todas juntas, en la misma cancha.
Miren, no me voy a hacer el tonto: Wawrinka ya no está para ganarle a los mejores. El circuito lo pasó por encima, el cuerpo le pasó factura y los años no vienen solos. Pero qué importa. Hay algo más grande en juego acá. Hay un tipo que va a despedirse en la cancha que lo vio brillar, rodeado por la gente que lo aplaudió en su mejor momento. Y eso, en este deporte, vale oro.
El dato que duele y la chicana que no
Dato histórico: en 2016, Wawrinka se convirtió en el segundo jugador más viejo en ganar el US Open en la era abierta. Récord que todavía sigue vigente, aunque Djokovic lleva años acechando esa marca. Chicana amable para el rival: a los 41, Stan sigue compitiendo. A los 41, muchos otros ya están comentando el partido desde el palco. Y eso, queridísimos, no se lo quita nadie.
