Los matemáticos más prestigiosos del mundo le ponen freno a la inteligencia artificial: "nos están cambiando las reglas del juego"
Veinticinco ganadores de la medalla Fields firmaron una carta abierta que denuncia la carrera de los laboratorios por resolver problemas célebres como si fueran trofeos. Advierten que el apuro empresarial pone en jaque la cadena humana de transmisión del saber.
A mí me lo contó un amigo que da clases en la facultad y se le iluminaron los ojos cuando le dije que iba a escribir sobre el tema: los matemáticos más importantes del planeta, esos que uno ve en las fotos con cara de estar resolviendo un teorema mientras el resto del mundo desayuna, acaban de levantar la voz y pedir que alguien frene la locomotora. Veinticinco de ellos, todos con la medalla Fields colgada en alguna repisa, firmaron una carta abierta que recorre el mundo académico como un temblorcito, porque lo que están denunciando no es un detalle menor: dicen que la inteligencia artificial, esa que promete resolverlo todo, está arruinando la manera en que se transmite el conocimiento en una de las disciplinas más antiguas y cuidadosas que existen.
La queja de fondo es bastante clara, y la traduzco como pude después de leer el documento varias veces: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están compitiendo entre sí para resolver problemas matemáticos históricos como quien suma puntos en un ranking, y ese apuro está dejando afuera lo que de verdad importa, que es entender por qué algo funciona, conversar entre colegas, reescribir las demostraciones hasta que las pueda seguir un estudiante de primer año. Los firmantes reconocen, eso sí, que los modelos de lenguaje mejoraron mucho y que hoy pueden abordar problemas abiertos que hace un década parecían imposibles. Pero esa capacidad técnica, advierten, no está alineada con los valores que sostienen a la matemática desde hace siglos: la comprensión profunda, el debate respetuoso, la construcción colectiva.
El problema no es la máquina, es el vértigo
Lo que más me hizo ruido de toda la carta es la descripción del proceso que se perdió, y que los matemáticos saben bien porque lo vivieron mil veces. Cuando alguien resolvía un problema famoso, lo que venía después era casi tan importante como el hallazgo: meses de charlas en seminarios, versiones más simples, explicaciones escritas y reescritas hasta que el resultado se incorporaba al acervo común y cualquier estudiante avanzado podía entenderlo. Esa cadena de transmisión humana, paciente y silenciosa, es la que ahora está en peligro, según los firmantes. Las soluciones que produce la inteligencia artificial suelen aparecer con bombos y platillos, comunicadas con apuro antes de que haya tiempo de revisarlas en serio, de chequear si hay métodos nuevos mezclados con otros ya conocidos, y de citar como corresponde los trabajos anteriores que el camino.
- Atribución incorrecta y plagio: los firmantes comparan la situación con los problemas que ya enfrentan escritores, músicos y programadores, y piden que se trate con la misma seriedad.
- Pérdida de la cadena de transmisión: sin matemáticos que se sienten a integrar las ideas nuevas al canon, el conocimiento deja de pasar de generación en generación.
- Riesgo para la creatividad futura: producir afirmaciones en serie, sin pausa para digerirlas, puede terminar secando el terreno donde nacen los descubrimientos que todavía no imaginamos.
La carta enmarca todo esto dentro de algo más grande que llaman desalineaciones más amplias, que también golpean a la ingeniería de software y a otras disciplinas donde la inteligencia artificial promete velocidad pero, según los autores, a costa de procesos que tardaron décadas en construirse. Lo que estos veinticinco cerebros están pidiendo, en criollo, es que la urgencia de las empresas no se coma la paciencia de la ciencia, y que la matemática deje de ser tomada como una vidriera de resultados para empezar a ser tratada como lo que es: una conversación larguísima que la humanidad viene teniendo desde hace miles de años y que no se puede acelerar sin perder algo valioso en el camino.
“Convertir la resolución de problemas en un fin en sí mismo, en lugar de tratarla como una herramienta al servicio de la comprensión, puede volverla un obstáculo para la propia disciplina.”Carta abierta de los veinticinco matemáticos laureados con la medalla Fields
Cierro como empecé, con algo que me quedó dando vueltas y que escuché entre colegas mientras preparaba esta nota, porque me parece que resume el espíritu de lo que piden estos matemáticos: a las herramientas hay que darles tiempo, sino terminan apurando al que las usa.
