LatAm-FINGERS: el ensayo regional que midió cuánto puede la rutina diaria para proteger el cerebro
Especialistas de once países analizaron en Buenos Aires los resultados de un estudio que siguió durante dos años a más de mil mayores de 60 años y registró mejoras cognitivas con una estrategia que combinó alimentación, movimiento, entrenamiento mental, vínculos sociales y control cardiovascular.
En uno de los salones del encuentro internacional que reunió esta semana a especialistas en neurología cognitiva y prevención de demencia en Buenos Aires, la conversación giró en torno a una pregunta que deja de ser médica para volverse casi doméstica: qué puede hacer una persona, en su vida cotidiana, para mantener la memoria a salvo. La respuesta que ofreció la investigación LatAm-FINGERS, presentada en el marco del simposio, es que mucho, siempre que las recomendaciones se adapten a los recursos y las costumbres de cada comunidad.
El ensayo clínico se propuso evaluar, durante dos años, a 1.065 personas de entre 60 y 77 años distribuidas en 11 países de la región. A todos los participantes se les indicó una intervención que reunió cinco ejes: alimentación saludable, actividad física, entrenamiento cognitivo, sostenimiento de los vínculos sociales y control de los factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión, diabetes, tabaquismo y dislipemias.
Dos modalidades, un mismo principio
La cohorte se dividió entre quienes recibieron una intervención estructurada, con actividades programadas y contacto frecuente con los equipos de salud, y quienes incorporaron los mismos hábitos con mayor autonomía, a partir de recomendaciones puntuales. Ambos grupos contaron con orientación preventiva. Según los datos presentados, quienes atravesaron la modalidad más intensa registraron una mejora de la cognición global al cabo del período de seguimiento.
La adherencia también fue medida. El 80 por ciento de los voluntarios sostuvo una adhesión moderada o alta al programa y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra que los investigadores consideraron auspiciosa para un ensayo prolongado y de características no farmacológicas.
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
- Alimentación saludable, adaptada a los productos y costumbres de cada país participante.
- Actividad física regular, con propuestas graduables según la capacidad de cada persona.
- Entrenamiento cognitivo, mediante actividades que ejercitan memoria, atención y lenguaje.
- Sostenimiento de los vínculos sociales, factor asociado a menor deterioro.
- Control de los factores de riesgo cardiovascular: presión arterial, glucosa, colesterol y tabaquismo.
Crivelli, en diálogo con este medio, explicó que las recomendaciones dietéticas y la organización de las actividades se ajustaron a la disponibilidad de alimentos y a las rutinas de cada lugar, una decisión metodológica que el equipo consideró indispensable para que el programa pudiera mantenerse más allá del alcance del ensayo. La investigadora insistió en que la estrategia no reemplaza al tratamiento médico ni pretende transformarse en una fórmula universal, sino en un andamiaje preventivo capaz de conversar con los sistemas de salud y con las comunidades.
El corazón del cerebro
El cuidado cardiovascular aparece como columna vertebral del planteo. Los especialistas recordaron que la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol elevado lesionan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y comprometen, con el paso de los años, las capacidades cognitivas. Por eso, la evaluación médica periódica ocupa un lugar equivalente al de la lectura, la caminata o la merienda compartida: sin controles clínicos sostenidos, los otros pilares pierden consistencia.
Sigamos la plata: el ensayo mostró que, en mayores de 60 años, una intervención simultánea y adaptada sobre cinco hábitos fue capaz de mejorar la cognición global en quienes la sostuvieron de manera más intensa, con niveles de adherencia elevados para un estudio de dos años. Los ganadores son los pacientes que incorporan controles cardiovasculares, movimiento, alimentación, estímulo mental y vida social como una misma rutina; los perdedores, quienes confían en que la memoria se defenderá sola.
