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La cocina como aliada contra la inflamación: qué dice la evidencia médica y por qué interesa al organismo argentino

Verduras de hoja verde, frutas de colores intensos, legumbres, nueces y pescado graso componen el patrón alimentario que las principales clínicas de Estados Unidos recomiendan para moderar la inflamación crónica, un proceso silencioso asociado con diabetes, artritis y enfermedades cardiovasculares. La consulta con un especialista y los cambios graduales aparecen como la estrategia más sólida.

Por Omar ZelarayánCampo y producción · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La fatiga que no cede con el descanso suele ser el primer motivo por el cual una persona atraviesa la puerta de un consultorio, y también uno de los más difíciles de abordar. En las últimas dos décadas, distintos centros de investigación médica de referencia coincidieron en señalar que la alimentación tiene un papel protagónico en la moderación de la inflamación crónica, un proceso que el sistema inmunitario sostiene en el tiempo y que se vincula con enfermedades como la diabetes, la artritis y las afecciones cardiovasculares. La Clínica Mayo, la Escuela de Medicina de Harvard y la Clínica Cleveland son las instituciones que más profundizaron en este vínculo, y sus publicaciones alimentan buena parte de la conversación que circula en consultorios y medios especializados de la Argentina.

El patrón alimentario que acumula más evidencia no se define por un alimento aislado sino por una combinación estable de grupos. Verduras de hoja verde, frutas de colores intensos, legumbres, nueces, semillas, aceite de oliva, pescados grasos y granos enteros componen la base de esa estructura, según coinciden las tres instituciones mencionadas. Estos alimentos aportan antioxidantes, polifenoles y fibra dietaria, que nutre las bacterias intestinales beneficiosas. Las grasas no saturadas presentes en los frutos secos, las semillas y el pescado también forman parte del mismo esquema.

Lo que encontró la revisión publicada en Nutrients

Una revisión publicada por la revista Nutrients y retomada por la Clínica Cleveland en sus materiales para pacientes reunió 21 ensayos clínicos y concluyó que una dieta con granos enteros ricos en fibra, vegetales con alto contenido de polifenoles y alimentos con omega 3 podría mejorar los síntomas de cansancio asociados con enfermedad. El mismo trabajo advirtió que la evidencia todavía es limitada y desigual, y que los resultados se vuelven más consistentes cuando se mira el patrón alimentario en conjunto, no un nutriente aislado en dosis altas.

El otro lado de la mesa: qué conviene reducir

  • Carbohidratos refinados: pan blanco, galletitas comunes y arroz pulido elevan los picos de glucosa y se asocian con mayor carga inflamatoria.
  • Bebidas azucaradas: gaseosas, jugos y aguas saborizadas aportan azúcares añadidos sin fibra que modere la absorción.
  • Carnes rojas y procesadas: el consumo elevado de embutidos y cortes grasos se vincula con marcadores inflamatorios más altos.
  • Fritos y ultraprocesados: la combinación de grasas saturadas, sodio y aditivos refuerza la respuesta inflamatoria del organismo.

La Clínica Cleveland, en su material destinado a pacientes, advierte que los cambios bruscos rara vez se sostienen en el tiempo y recomienda un plazo de tres a seis meses para incorporar nuevos hábitos de forma gradual. El primer paso que sugiere la institución consiste en identificar los ultraprocesados y los azúcares añadidos del consumo habitual y reemplazarlos de manera progresiva por opciones presentes en el patrón protector. La segunda instancia, según el mismo centro, implica sumar al plato cotidiano una verdura de color intenso y una porción de pescado graso al menos dos veces por semana, decisión que el productor agropecuario argentino evalúa esta semana en función de los costos y la disponibilidad en el mercado interno.

OZ
Omar ZelarayánCampo y producción

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