Helmut Ditsch, el tipo que pintaba glaciares y ahora te hace llorar en una sala de cine
El artista argentino más caro de la historia presenta en el Festival de Mar del Plata su ópera prima: una película de ocho años, cinco países y seis millones de euros que arrancó como la búsqueda de un lugar donde tirar las cenizas de su esposa y terminó siendo un duelo abierto por las dos mujeres que el cáncer de mama se llevó de su vida. Estreno mundial el 6 y 7 de noviembre.
A ver, digan lo que quieran del Festival de Mar del Plata, pero hay que reconocerle una cosa: cada tanto programa un debut que te deja con la boca abierta. Lo de este año no es la excepción, aunque el protagonista no sea ningún director que se pasea por las alfombras rojas de Cannes. Es un pintor. Uno muy particular, de esos que venden cuadros por cifras que a uno, como porteño común, le dan vueltas la cabeza: Helmut Ditsch, el artista argentino más caro de la historia en las subastas europeas, responsable de óleos monumentales de glaciares y cordilleras que parecen hechos por alguien que en otra vida fue geólogo glaciar y en esta, dios.
El hombre, que durante décadas construyó su leyenda en silencio con pinceles y bastidores, se animó a algo completamente distinto: rodar una película. La ópera prima se llama "Helmut. El hielo y la eternidad transitoria" y la terminaron de armar después de ocho años de trabajo, cinco países recorridos y un presupuesto que arrancó en tres millones de euros y terminó cerca del doble. Ah, un detalle no menor: la financiación salió íntegramente de vender cuadros propios. O sea, pintó para poder filmar su propia historia. Si eso no es compromiso con un proyecto, no sé qué lo es.
Un duelo doble que se convirtió en película
El motor del filme es uno de esos golpes que la vida reparte con las dos manos. Ditsch perdió a dos mujeres por la misma enfermedad: su madre, Inge, fallecida a los 33 años, y su esposa, Marion, que murió alrededor de los 35, en 2009. A partir de ahí, el pintor dejó los pinceles un tiempo y se largó a caminar. Quería cumplir el último pedido de Marion: encontrar un lugar donde dejar sus cenizas. La búsqueda lo llevó más de 11.000 kilómetros, desde los Alpes hasta los Andes. Cuando creyó haber encontrado el sitio justo, sintió que faltaba algo. "Ese lugar tenía que ser una obra de arte", dice. Y ahí, casi sin querer, se encendió la idea de la película.
- Locaciones: Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni.
- Rodaje: ocho años, con financiación propia mediante la venta de obras del artista.
- Presupuesto final: cerca de seis millones de euros, el doble de lo previsto al inicio.
- La primera pintura de gran formato post-2009 fue hecha especialmente para la película y quedó registrada de lienzo en blanco al último trazo.
Cuando el director se mira a sí mismo
Otra perlita que vale la pena contar: Ditsch, antes de animarse a ponerse delante de la cámara, había pensado en otro actor para el papel principal. Un colega de la industria le dijo, con esa franqueza que a veces salva los proyectos, que nadie más podía hacer ese rol y que lo mejor era que el propio pintor se dirigiera a sí mismo. "Si no, iba a salir otra cosa", recuerda. Salió esto: una película autobiográfica donde él hace de él. Joaquín Berthold interpreta al alter ego joven, y Jeanne Goursaud, a quien Ditsch asocia físicamente con su madre y su esposa, se quedó con el rol más difícil de todo el reparto: encarnar a las dos mujeres que ya no están.
La codirección quedó en manos de Suzy Prauss, una pintora que según el propio Ditsch aportó una mirada indispensable para una historia centrada en mujeres. El estreno mundial será el 6 y 7 de noviembre, en el marco de la 41.ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Y yo, que ya vi de todo en este tipo de eventos, igual me intriga. Ver a un tipo que pintaba glaciares meter la cámara adentro de su propio duelo más íntimo tiene, como mínimo, la pinta de valer la entrada entera.
“Ese lugar tenía que ser una obra de arte.”Helmut Ditsch
Hay algo que me gusta destacar al margen del filme, y que tiene que ver con cómo se hizo. La primera obra de gran formato que Ditsch pintó después de la muerte de su esposa fue hecha exclusivamente para esta película, y quedó documentada paso a paso, desde el lienzo en blanco hasta el último trazo. Es como si el proceso creativo, que es su zona más conocida, se hubiera fusionado con el duelo y el cine. Mezclar todo eso en una sola pieza es una apuesta enorme, y si a eso le sumamos que la pagó con el patrimonio construido con sus propias manos, el resultado deja de ser una rareza para convertirse en un gesto que cuesta mucho igualar.
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