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Grasa abdominal persistente: qué dice la evidencia sobre por qué el abdomen no responde igual que el resto del cuerpo

Un repaso por los mecanismos fisiológicos que explican la acumulación de tejido adiposo en la zona media, con foco en la interacción entre alimentación, actividad física, sueño y contexto hormonal, según estudios recientes.

Por Antonella AssadEconomía · 7 de septiembre de 2026 · hace 12 h

La grasa abdominal se redujo en menor proporción que la grasa total en buena parte de los planes que combinan dieta y ejercicio, de acuerdo con una investigación publicada en JAMA Network Open que siguió durante 7,2 años a más de 7.000 adultos. La especialista Antonella Assad, editora de Economía de este portal, dialogó con fuentes médicas para reconstruir qué procesos fisiológicos están detrás de ese comportamiento y por qué la zona media suele resistirse a los cambios aun cuando el resto del cuerpo los evidencia.

Vamos a los números. El trabajo citado reportó que el grupo con mayores mejoras conjuntas en calidad de dieta y nivel de actividad física presentó 149 gramos menos de grasa visceral al final del seguimiento, en comparación con quienes mantuvieron sus hábitos previos. La diferencia, aunque parezca acotada en términos absolutos, se ubica en un tejido que se asocia de manera directa con riesgos cardiovasculares y metabólicos, razón por la cual su reducción se considera clínicamente relevante.

Por qué no se pierde grasa localizada

El cuerpo no elige de qué zona toma la grasa que necesita como fuente de energía, razón por la cual los ejercicios localizados, como las abdominales, fortalecen la musculatura y mejoran la postura sin determinar una disminución puntual del volumen adiposo. La zona abdominal, según el material de base, acumula dos tipos de tejido: el subcutáneo, ubicado debajo de la piel, y el visceral, que rodea los órganos internos y guarda relación más estrecha con indicadores desfavorables de salud cardiometabólica.

La acumulación de grasa visceral responde a variables como la edad, la carga genética y los patrones hormonales individuales, lo que ayuda a explicar por qué dos personas con rutinas similares registran resultados distintos en la zona media. La evidencia señala que dos individuos pueden sostener idéntica alimentación e idéntico nivel de movimiento y, aun así, presentar variaciones significativas en la evolución de la circunferencia de cintura, dado que el organismo distribuye y libera grasa siguiendo señales internas que difieren de persona a persona.

Sueño, hambre y estrategias sostenidas

Un estudio de Mayo Clinic reportó que restringir el sueño se asoció con un aumento del 9% en el área adiposa total del abdomen y del 11% en la grasa visceral, respecto de condiciones controladas. La modificación de los mecanismos de hambre y saciedad que acompaña a la falta de descanso dificulta, a su vez, sostener cualquier estrategia alimentaria en el tiempo, dado que compromete la regulación hormonal que el organismo utiliza para equilibrar el ingreso y el gasto energético.

Comparado con el promedio nacional de descenso de grasa corporal en planes de actividad física supervisada, los registros de los estudios internacionales marcan una reducción más lenta en el abdomen que en el resto del cuerpo, lo que ubica al contexto hormonal y al descanso como variables determinantes. La orientación que surge de la literatura apunta a estrategias que articulan alimentación, movimiento y descanso de forma simultánea y sostenida, con medición del progreso basada en indicadores objetivos como la circunferencia de cintura, la evolución de la fuerza y la continuidad de los hábitos, y no exclusivamente en la lectura del espejo.

AA

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