Gates empuja un gendarme mundial para la inteligencia artificial y quiere a China sentada en la mesa
El cofundador de Microsoft publicó un plan que mezcla la lógica del régimen nuclear, la aviación civil y el protocolo de ozono para crear un organismo supranacional con poder de auditoría sobre los sistemas de IA. Mientras tanto, su equipo gestiona un encuentro con Xi Jinping para coordinar restricciones a los modelos capaces de diseñar agentes biológicos.
El pasillo de la Fundación Gates en Seattle viene cargado de una propuesta que, por su alcance, suena a otra época. Bill Gates, cofundador de Microsoft, presentó esta semana un documento en el que reclama la creación de un organismo supranacional con facultades concretas para auditar sistemas de inteligencia artificial, inspirado en tres arquitecturas que ya funcionan en el mundo. La primera es el régimen de inspecciones nucleares. La segunda, los estándares internacionales de seguridad de la aviación civil. La tercera, los acuerdos multilaterales que frenaron el deterioro de la capa de ozono. Tres ejemplos que, según Gates, demuestran que los países pueden coordinarse cuando el riesgo lo justifica.
Un esquema a la medida del riesgo biológico
El punto más sensible del plan es el que toca a la salud pública. Gates puso el foco en los modelos con capacidad para diseñar moléculas o facilitar ataques biológicos, y aclaró que la supervisión de esos usos no debería traducirse en un freno a industrias completas. La vigilancia, explicó, puede concentrarse en las aplicaciones de mayor riesgo sin bloquear desarrollos médicos o científicos. La diferencia no es menor: se trata de distinguir entre regular el destino de una herramienta y paralizar la innovación que la produce.
Sigamos la plata. La iniciativa llega en un momento en el que las principales desarrolladoras de IA, OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta entre otras, vienen anunciado compromisos voluntarios de seguridad, autolimitaciones en el entrenamiento de modelos y políticas internas de evaluación. Gates fue terminante al respecto: "Es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso". El mensaje es claro. La industria puede sentarse a la mesa, pero no puede conducir el vehículo.
China como condición necesaria
El documento no esquiva el punto más espinoso de la geopolítica tecnológica. Gates sostuvo que la cooperación entre Estados Unidos y China es condición indispensable para que cualquier esquema funcione, y su equipo trabaja en la concreción de un encuentro con Xi Jinping, previsto de manera provisoria para noviembre. El propio fundador de Microsoft lo planteó como una secuencia: si Washington toma primero la iniciativa para imponer restricciones a ciertos modelos, Beijing podría plegarse. "El mundo entero se sumaría a esa iniciativa", resumió.
- Auditoría obligatoria sobre sistemas de IA con potencial uso biológico, inspirada en las inspecciones nucleares.
- Estándares de seguridad internacionales replicando los criterios de la aviación civil.
- Mecanismo multilateral de cumplimiento al estilo del Protocolo de Montreal que protegió la capa de ozono.
- Impuesto a los ingresos de empresas que reemplacen trabajadores con producción generada por IA, con destino a redes de protección social.
- Reserva de hasta un 40 por ciento de los puestos actuales en sectores donde el vínculo humano resulte irremplazable, como salud geriátrica y cuidados.
Las dos últimas medidas son las que más ruido van a hacer cuando la discusión llegue a los parlamentos. La idea de gravar a las compañías que sustituyan empleados por sistemas automatizados choca de lleno con la resistencia del sector tecnológico, que suele presentar a la IA como complemento y no como reemplazo. La reserva de un porcentaje de puestos para personas, en tanto, suena a cuotificación laboral con justificación ética. Gates la ilustró con un dato autobiográfico: la atención que recibió su padre durante el Alzheimer fue, dijo, el tipo de cuidado que ninguna máquina puede replicar.
“No deberíamos esperar que sean las propias empresas quienes lideren el proceso de regulación de la inteligencia artificial.”Bill Gates, cofundador de Microsoft
Queda por resolver una pregunta de fondo que el propio Gates dejó abierta en su texto: qué institución existente debería absorber las nuevas funciones o si, en cambio, habrá que crear un ente desde cero. La Organización Internacional de Energía Atómica, la Organización de Aviación Civil Internacional y el propio sistema de Naciones Unidas son candidatos posibles, aunque el autor no señaló a ninguno. Lo que sí dejó dicho es que varios de los problemas en juego exceden la especialización técnica de las compañías y que, en una economía donde los modelos ganan capacidades de manera acelerada, la regulación no puede llegar tarde. Quien lidere la próxima arquitectura global de control de la inteligencia artificial definirá las reglas del comercio, la defensa y la salud durante las próximas décadas. Quien quede afuera, pagará el costo.
