El Villarrica se mueve: el gigante chileno que mira de reojo a la Patagonia neuquina
El organismo geológico de Chile elevó la alerta del volcán a amarillo por mayor sismicidad, incandescencia y emisión de piroclastos en el cráter. Las localidades turísticas más cercanas del lado argentino, San Martín de los Andes y Junín de los Andes, siguen sin registrar afectación directa, aunque Protección Civil de Neuquén mantiene el monitoreo minuto a minuto.
Les cuento esto mientras miro hacia el oeste desde Tafí del Valle, donde el horizonte siempre enseña a leer las distancias. El Villarrica, ese cono perfecto que se ve desde buena parte de la Patagonia argentina, se despertó un poco más. No es una emergencia, pero sí un llamado de atención que ya cruzó la cordillera en forma de partes técnicos y de preocupación lógica en los pueblos neuquinos que viven mirándolo de reojo.
Qué pasó del lado chileno
El Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile, conocido como Sernageomin, decidió subir la alerta técnica del volcán de verde a amarilla. La decisión se tomó después de que el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur, el Ovdas, procesara los datos de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica y detectara valores por encima de lo habitual tanto en la actividad sísmica como en la superficial.
- Aumento de la sismicidad por encima de los niveles base.
- Incandescencia visible en el cráter.
- Emisión de piroclastos balísticos, es decir, fragmentos de roca expulsados a corta distancia.
- Señales acústicas compatibles con explosiones menores.
- Alza de temperatura superficial registrada por sensores satelitales.
Hasta ahora, todos estos cambios se concentran en el entorno inmediato del cráter, lo que explica que la medida haya sido amarilla y no un escalón más arriba. Del lado chileno, el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, el Senapred, declaró además una Alerta Temprana Preventiva para las comunas de Villarrica, Pucón, Curarrehue y Panguipulli, lo que en la práctica significa reforzar la vigilancia local y el monitoreo de condiciones de riesgo en esas localidades.
Y del lado argentino, qué onda
Acá viene la parte que más nos toca como viajeros y como vecinos. La Secretaría de Emergencias y Gestión de Riesgos de Neuquén salió a confirmar que el escenario actual no genera afectación directa sobre territorio provincial. Los efectos observados siguen restringidos al sector chileno, en cercanías del cráter, y las localidades neuquinas más próximas al macizo, que son Junín de los Andes, San Martín de los Andes y Aluminé, por ahora están mirando el fenómeno sin tenerlo encima.
De igual forma, la Dirección Provincial de Protección Civil mantiene un seguimiento permanente del fenómeno y trabaja en línea con los organismos chilenos. El mensaje oficial es claro: no hay razón para suspender viajes, pero sí hay motivos para informarse antes de moverse por la zona cordillerana, sobre todo si se piensa en excursiones cercanas al límite internacional.
Cómo se llega y cuánto cuesta asomarse al Villarrica
Para los que están planeando cruzar desde Argentina, el camino más directo es por la ruta nacional 40 y luego la ruta provincial 23, que une Junín de los Andes con el paso internacional Mamuil Malal, del lado argentino, y conecta con Curarrehue del lado chileno. Desde San Martín de los Andes hay poco más de 100 kilómetros hasta el paso, siempre y cuando el clima y la nieve lo permitan. Una vez en territorio chileno, el centro de esquí y el Parque Nacional Villarrica quedan a pocos kilómetros más, con excursiones guiadas al cráter que en temporada alta rondan los 35.000 a 60.000 pesos chilenos por persona, según la operadora y la época del año.
Para tener una referencia más cercana, desde Buenos Aires hasta San Martín de los Andes hay unos 1.600 kilómetros, que se cubren en micro con pasajes que arrancan cerca de los 50.000 pesos argentinos y superan los 90.000 en temporada invernal. En auto, nafta y peanos mediante, hay que pensar en un presupuesto que supera los 150.000 pesos solo en combustible para ir y volver. Son cifras que cambian seguido, pero sirven para ubicarse antes de armar la ruta.
El Villarrica, vale recordarlo, es un estratovolcán activo de 2.847 metros de altura, con glaciares en la cima. Sus riesgos principales, si el cuadro empeora, son la caída de ceniza volcánica, los flujos de material que bajan por los ríos y los lahares, esos ríos de barro y rocas que se forman cuando la nieve o el hielo de la cumbre se derriten de golpe. La dispersión de ceniza depende de la intensidad del evento y, sobre todo, de cómo sople el viento ese día.
La palabra de un vecino de la zona
Antes de cerrar, charlé con Rubén Huenumilla, guardaparques y baqueano de Junín de los Andes que hace más de veinte años trabaja en la zona del paso Mamuil Malal. Me dijo, con esa calma que tienen los que viven mirando volcanes, que acá todavía no se nota nada raro y que la gente puede seguir viajando tranquila, aunque recomienda consultar el parte oficial antes de meterse en cualquier excursión hacia el límite con Chile. Si algo cambia, insistió, va a ser Protección Civil la que avise primero. Esa es la regla de oro en la cordillera: no ir por delante de la información.
Sernageomin, por su parte, ya adelantó que va a continuar con el monitoreo permanente y que hará un nuevo análisis de zonificación de peligros cuando tenga más datos sobre cómo evoluciona la actividad. Mientras tanto, del lado argentino seguimos con la atención puesta, pero con la tranqui de saber que, por ahora, el lago Lácar y el lago Huechulafquen siguen tan calmos como siempre.
