De la carpa prestada al local propio: la reconversión de Ezequiel Banegas en apenas dos años y medio
Llegó a Neuquén a dedo, durmió a la intemperie y construyó una clientela de casi mil personas con dos hornallas y un horno roto. Hoy abre La Fonda en el barrio Mariano Moreno.
A los 33 años, sin trabajo y sin un techo, Ezequiel Banegas se subió a la ruta en Azul y viajó a dedo durante dos días hasta Neuquén. Era febrero de 2024 y en su valija no había más que la ropa puesta. Las primeras jornadas las pasó durmiendo a la intemperie, hasta que un vecino del grupo de Facebook de su barrio respondió a su pedido desesperado: necesitaba una carpa para soportar el frío de la Patagonia. Raúl, el nombre del hombre que apareció, le acercó una carpa, una almohada y un acolchado.
Un refugio, un empleo y el oficio como ancla
Con esa ayuda mínima, Banegas consiguió sostenerse los primeros días. Poco después logró un espacio en un refugio de la calle Belgrano al 2500, donde recibió acompañamiento para ordenar su vida cotidiana. "Me ayudaron muchísimo a reintegrarme a la sociedad. Me sirvió para salir adelante", recordó el protagonista. El primer empleo formal llegó en el área de mantenimiento de una empresa de logística; después pasó a un corralón en Cipolletti, donde arrancó como vendedor y terminó como jefe del sector. Esa experiencia, según contó, le dejó herramientas de gestión y trato con clientes que después aplicaría en su propio emprendimiento.
Dos hornallas, un horno roto y una fila que no paraba de crecer
La cocina siempre estuvo entre sus planes. Con apenas dos hornallas, un horno que no funcionaba y una heladera pequeña, empezó a preparar tortas fritas, chipá y bolas de fraile para vender en el Paseo de la Costa. Cuando la demanda empezó a crecer, fue sumando pizzas, empanadas y hamburguesas, un producto por vez, al ritmo que le permitían sus ahorros y la respuesta del público. Las redes sociales hicieron el resto: arrancó con 15 seguidores en Instagram y se acercó a los mil en poco tiempo. "Creció mucho todo en tan poco tiempo, eso es lo que me sorprende", reconoció.
- Tortas fritas, chipá y bolas de fraile: la primera tanda, vendida en el Paseo de la Costa.
- Pizzas, empanadas y hamburguesas: los productos que se sumaron cuando la clientela pidió más.
- Instagram como canal de venta: de 15 seguidores a cerca de mil en dos años.
- Ahorro mensual durante un año entero para juntar el capital de la apertura.
Durante doce meses, Banegas dijo haberse privado de casi todo para guardar algo de plata cada mes. Con ese fondo abrió La Fonda, el local gastronómico que queda a metros de su casa, en la esquina de Mitre y Correntoso, en el barrio Mariano Moreno de Neuquén. El espacio abrirá de lunes a domingo, excepto los martes, en dos turnos: mediodía, de 12 a 15, y noche, de 20 a 23.30. La carta ofrece hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos, y más adelante proyecta sumar un menú diario al mediodía.
“Mi sueño es abrirme un bodegón, con platos abundantes y precios accesibles para las familias. Pero vamos de a poquito, paso por paso.”Ezequiel Banegas
La historia de Ezequiel Banegas condensa un recorrido que en otra ciudad parecería de décadas y que acá se comprimió en apenas dos años y medio: de dormir bajo una carpa prestada en pleno centro neuquino a atender a una clientela de casi 500 personas con local propio. La pregunta que queda flotando es quién le tendió una mano cuándo y por qué, en una provincia rica en recursos, la primera red de contención de un hombre de 33 años terminó siendo un grupo de Facebook y un vecino anónimo.
