Cuatro continentes, una silla de ruedas y dos amigos que no se rindieron en ninguna frontera
Fletcher Crowley y Lachie Bennett completaron en tres meses un recorrido por Europa, Asia, África y América del Sur, con obstáculos logísticos, ahorros propios y una campaña de micromecenazgo como combustible.
Fletcher Crowley, un australiano que quedó parapléjico a los 17 años tras fracturarse dos vértebras en un accidente de ciclismo de montaña, completó junto a su amigo Lachie Bennett, terapeuta en un centro de rehabilitación, una vuelta al mundo de tres meses que incluyó escalas en Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica, según relataron los protagonistas.
Una amistad forjada en el turno noche
Crowley, que puede ponerse de pie y dar algunos pasos aunque el esfuerzo lo agota rápido, conoció a Bennett cuando ambos trabajaban en el mismo centro de recuperación para personas con lesiones medulares. El vínculo se consolidó durante una cena de turno nocturno, donde detectaron afinidades en música, moda, viajes y, sobre todo, en el modo en que cada uno había atravesado y aprendido a manejar episodios de ansiedad.
- Hong Kong: Lachie cargó a Fletcher en la espalda para subir los 268 escalones hasta el Gran Buda, un momento que ambos calificaron como surrealista.
- Suiza: una familia que los seguía en redes sociales los hospedó en su casa.
- Francia: se alojaron en la granja de ovejas de un conocido y durmieron en una capilla del siglo X cerca de Niza.
- Brasil: recorrieron la selva en cuatriciclo.
- Sudáfrica: hicieron safari, bucearon con tiburones y volaron en parapente.
El itinerario nació casi de forma casual. Lo que iba a ser una escapada de dos semanas se transformó en una vuelta al mundo con múltiples escalas cuando apareció una oferta aérea que decidieron comprar sin demasiados cálculos, según contaron. El resultado fue un recorrido por cuatro continentes en apenas tres meses.
Logística, ahorros y micromecenazgo
El financiamiento inicial provino de ahorros personales; más tarde, una campaña de micromecenazgo apuntalada por la respuesta que obtuvieron en redes sociales les dio margen para resolver alojamiento de manera más espontánea. No todo fue simple: hubo sitios inaccesibles, rutas alternativas y tramos en los que Bennett cargó a Crowley a cuestas. Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione, explicaron. Su lema resume el viaje: El mundo no es accesible, nosotros lo somos.
