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Asma con apellido de mujer: por qué a las adultas les va peor y nadie lo cuenta como corresponde

Después de la pubertad la cosa se da vuelta: las mujeres pasan a tener más crisis, más internaciones y más consultas a urgencias. Las hormonas tienen bastante que ver, pero no son las únicas.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Empiezo con la obviedad que casi nadie dice en voz alta: el asma no es la misma enfermedad si sos varón o si sos mujer, al menos una vez que la biología decide poner las cartas sobre la mesa. Hasta la pubertad, los varones se llevan la peor parte: más chicos que chicas diagnosticados, más guardias pediátricas atestadas de nenes con silbidos en el pecho. A partir de ahí, la tendencia se invierte como un guante y, en la adultez, las mujeres pasan a encabezar las estadísticas: más prevalencia, más exacerbaciones, más internaciones, más visitas a la guardia a las tres de la mañana.

Para dimensionarlo con números y no con sensaciones: un análisis publicado este año en BMC Pulmonary Medicine, que trabajó sobre los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que en el mundo había 260 millones de personas con asma ese año. La foto no incluye un asterisco gigante que diga "fíjense bien quién la pasa peor", pero si uno abre la lupa por sexo, el asterisco aparece solo.

Hormonas, inflamación y un gen que se porta distinto

¿Por qué pasa esto? No hay una causa única y sería una locura pretender explicarlo en una línea. Pero hay pistas firmes. Un estudio publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, fue a mirar células inmunitarias de pacientes con asma grave y encontró algo sugestivo: el estradiol y la progesterona pueden empujar la producción de IL-17A, una proteína que aviva la inflamación. También detectó mayor actividad de las células TH17 en mujeres con asma grave que en varones con el mismo diagnóstico. Los propios autores aclaran lo que corresponde: el hallazgo no prueba causalidad directa, no aplica a todos los casos y parte del análisis se hizo en modelos animales. Lo digo igual, porque es la línea de investigación más citada y la que mejor ordena el debate.

Y acá viene un matiz clave que aporta Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana: no estamos hablando de genes distintos entre mujeres y varones, sino del mismo gen que se comporta diferente según el sexo, en interacción con las hormonas y con el ambiente. Parece un detalle fino, pero cambia la manera de investigar y de tratar.

El ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia: tres variables extra

  • Antes y durante la menstruación, algunas pacientes notan que el asma se descontrola. Una revisión sobre asma premenstrual habla de hasta un 40% de las mujeres con variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles no permiten cerrar una cifra. La hipótesis más fuerte apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
  • En el embarazo, el cuadro se vuelve impredecible. Un patrón clínico tradicional describe que cerca de un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se mantiene estable y un tercio mejora, lo que obliga a un seguimiento más estricto y a ajustar medicación con equipos que entiendan obstetricia y neumonología a la vez.
  • La menopausia suma otra capa. El descenso hormonal modifica el cuadro inflamatorio y la respuesta a ciertos tratamientos, y muchas pacientes adultas reportan cambios en la frecuencia y la severidad de las crisis que sus médicos de cabecera no siempre asocian con esta etapa.

Lo que me deja pensando, mientras termino esta nota, es la cantidad de veces que escuché a alguna conocida decir "tengo asma, pero es leve" mientras busca el puff en el bolso. El "pero" suele tapar años de consultas, de ajustes de dosis y de crisis que aparecen en los momentos más inoportunos. La ciencia viene señalando hace rato que esa liviandad tiene género, y que las mujeres pagan un precio más alto por una enfermedad que la cultura todavía trata como menor. Vale la entrada, y de sobra, prestar atención a lo que el cuerpo viene avisando hace décadas y la medicina de cabecera todavía no sistematizó en la consulta. Mi reconocimiento silencioso de la jornada va para los equipos de neumonología que ajustan tratamientos leyendo calendarios menstruales y curvas hormonales: ese tipo de clínica, hecha con tiempo y sin épica, es la que cambia la vida de quienes hace rato dejaron de conformarse con "es asma, tomá el puff".

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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