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Aquella noche de Estambul en que Scola se transformó en Luis 37

En el Mundial de Turquía de 2010, el ala pivote argentino firmó la actuación individual más grande de un jugador nacional en una Copa del Mundo: 37 puntos ante Brasil en un partido que aún se recuerda con piel de gallina.

Por Martín NievaDeportes · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A los 41 minutos y 12 segundos del segundo tiempo, con la pelota otra vez en sus manos, Luis Scola giró sobre Tiago Splitter, apoyó el salto y clavó un doble que hizo explotar el Sinan Erdem de Estambul. Eran sus últimos diez puntos en fila y el parcial definitivo de una victoria 93-89 sobre Brasil que valió una clasificación y mucho más. Aquella noche del 7 de septiembre de 2010, en el Mundial de Turquía, el ala pivote de 30 años se subió a un pedestal que nadie de la selección volvió a pisar: 37 tantos, récord absoluto para un argentino en Copas del Mundo, una marca que sigue intacta dieciséis años después.

El hombre que Brasil no pudo parar

El dominio de Scola fue de manual. En el poste bajo, con movimientos de pies quirúrgicos, se fabricó sus propios tiros uno tras otro. Anderson Varejao y Splitter, dos internos de primer nivel internacional, probaron de todo y nada les funcionó. Apenas se sentó un minuto en todo el partido. Lo demás fue suyo, de principio a fin.

Prigoni, el socio ideal

Detrás de cada bombazo hubo una muñeca amiga: la de Pablo Prigioni. El base, lúcido como siempre, leyó los desajustes defensivos y le sirvió a Scola la pelota en el lugar exacto. El cordobés no solo castigó de cerca: también abrió la cancha con triples, lo que volvió a los brasileños locos.

“De 10 posesiones, iba a tomar ocho. Así y todo, convertía.”Rubén Magnano (entrenador de Brasil en ese partido)

Popovich, el testigo incómodo

En una de las plateas, con cara de pocos amigos, estaba Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs. Se levantó antes del final, pidió permiso y se fue del estadio. El libro El Abanderado reconstruye la postal: el técnico mascullaba sin parar No puedo creer que cambiamos a este jugador. Los Spurs lo habían drafteado en 2002 y nunca lo habían contratado. Esa noche, mientras Scola destrozaba a Brasil, Popovich se fue masticando bronca.

Las palabras del propio Scola

“Ellos no saben que este fue uno de los partidos más emocionantes que me tocó jugar. Algún día alguien les contará.”Luis Scola

Lo dijo por sus hijos, que en ese momento le pedían que volviera a casa. El ala pivote entendía que esa clase de noches hay que atesorarlas: con el diario del lunes, las estadísticas quedan, pero el alma del partido se evapora.

El clásico eterno, a la italiana

La selección venía de ganarle a Serbia en cuartos y tenía a Lituania en el horizonte de semis. Los brasileños, en tanto, arrastraban la espina de haber caído ante la Argentina en el recordado 73 a 73 con alargue del Mundial 82, cuando Daniel Farías les ganó el corazón a los de San Pablo con un triple sobre la chicharra. Scola les dio otra razón histórica para la bronca: dieciséis años después, ningún compatriota nuestro llegó a esos 37 puntos en una Copa del Mundo. La marca sigue ahí, esperando al que ose igualarla. Quince años más pasaron y, por ahora, ni Manu Ginóbili ni los jóvenes que vinieron después pudieron siquiera rozarla. Un día, tal vez, alguien se anime. Mientras tanto, en cada discusión de café, los memoriosos responden con el mismo nombre: Luis Scola. Y los brasileños, claro, cambian de tema. Así es el clásico.

MN

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