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Agua, sales y deportistas: lo que el cuerpo realmente pide y nadie te explica en la etiqueta

La hidratación de todos los días no requiere fórmulas mágicas: alcanza con agua, comida variada y sed. Pero cuando hay diarrea o se sale a correr más de una hora, la cosa cambia. Una guía para no caer en la confusión de góndola.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 24 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Vamos a poner las cosas en orden, que parece que el mercado de las bebidas nos volvió a todos expertos en bioquímica sin pedirnos el título. Resulta que no, tomar una bebida deportiva porque te sentís cansado no convierte a nadie en atleta, ni reemplaza nada que el cuerpo no pueda resolver con un plato de comida y un vaso de agua. Pero como en la góndola del súper todo parece tener propiedades casi milagrosas, vale la pena repasar qué dice la evidencia y qué dice el marketing.

La diarrea no se arregla con una bebida isotónica

Acá la confusión es de las grosses. Una bebida para deportistas no es lo mismo que una solución de rehidratación oral. La Organización Mundial de la Salud y Unicef vienen recomendando desde hace décadas sales con proporciones específicas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación que provoca la diarrea. No es un capricho: la glucosa está ahí para que el intestino pueda absorber sodio y agua al mismo tiempo. Sin esa combinación, el cuerpo pierde líquido más rápido de lo que lo repone.

  • Confusión, desmayos o imposibilidad de beber.
  • Vómitos que no paran.
  • Diarrea con signos de deshidratación grave.
  • Bebés, personas mayores o con enfermedades crónicas afectadas.
  • Sed extrema que no se calma con agua.

Si aparece alguno de esos puntos, no hay bebida de moda que valga: hace falta un médico. Lo demás es la clásica decisión de comprar algo en el kiosco de la esquina que suena a solución y no lo es.

El día a día: con el agua y la comida alcanza

Para la enorme mayoría de las personas, y acá la frase es deliberadamente aburrida, hidratarse es tan simple como tomar agua cuando aparece la sed y comer variado. Las frutas y verduras aportan potasio; los lácteos, semillas y frutos secos suman calcio y magnesio; el sodio y el cloruro llegan sin esfuerzo a través de la sal y los alimentos preparados. No hay misterio. Estos minerales, llamados electrolitos, hacen su trabajo sin que tengamos que comprar sobres ni botellas con colores estridentes.

Suplementarlos sin motivo tampoco es inocuo. Beber de más puede alterar el sodio en sangre, y pasarse con ciertos minerales sin necesitarlos termina cansando al riñón más que ayudándolo. El cuerpo, cuando funciona con normalidad, sabe arreglárselas solo.

Cuando el cuerpo se exige de verdad

Ahora, si la cuestión es salir a correr una maratón o remar dos horas bajo el sol, la conversación cambia. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas en esfuerzos prolongados, sobre todo con calor y humedad. Para entrenamientos de menos de una hora, la diferencia con el agua es marginal: vale la entrada al gimnasio, pero no vale la botella premium.

¿Cuánto tomar? Acá tampoco hay fórmula mágica: la sudoración varía de persona a persona. Algunos pierden un litro por hora, otros mucho menos. La regla más razonable es pesar antes y después del ejercicio y reponer la diferencia, además de prestar atención al color de la orina y al cansancio. Lo demás se lo dejamos a los relojes que todo lo miden menos lo importante.

Mientras tanto, en la redacción seguimos tomando mate y agua de la canilla, que es la solución de rehidratación oral más subestimada del Cono Sur. Y un elogio merecidísimo para el personal de enfermería que, en cada guardia de pediatría, le explica a una madre asustada cómo preparar los sobres sin que el chico termine peor: ese laburo silencioso vale más que cualquier campaña publicitaria.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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