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110 kilómetros de bosque, lago y pedaleo: cómo se hace hoy la Ruta de los Siete Lagos en bicicleta

El corredor que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes se transformó en uno de los trazados más pedidos del verano neuquino. Dos modalidades, dos perfiles de viajero y una pregunta que sigue abierta: qué grado de preparación se necesita para no pasar de la aventura al sufrimiento.

Por Agustina ToledoAmbiente y agua · 5 de septiembre de 2026 · hace 8 h

Son 110 kilómetros de asfalto y ripio dentro de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, y el primer dato que conviene poner sobre la mesa es ese: la distancia. La Ruta de los Siete Lagos une Villa La Angostura con San Martín de los Andes pasando por los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo, un rosario de espejos de agua rodeados por coihues, lengas, miradores, cascadas y valles que durante décadas se recorrieron en auto o en combi y que ahora, de manera creciente, se están conquistando a fuerza de pedales.

Dos modalidades, dos perfiles muy distintos

La oferta se bifurca en dos carriles bien marcados. Por un lado está el viaje autónomo: se retira la bicicleta en San Martín de los Andes, se devuelve en Villa La Angostura, y el viajero se arregla con un mapa que la empresa de alquiler entrega con los campings del camino señalizados. La bici viene equipada con un trailer chico que carga casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo. El esquema clásico dura tres días y dos noches.

Por el otro lado aparece el tour organizado, que arranca directamente en Bariloche e incorpora, antes de meterse en la Ruta de los Siete Lagos, el Circuito Chico, Paso Córdoba, la Laguna Rosales y el bosque de arrayanes. Son cinco días en grupos de entre 30 y 40 personas, con guías, mecánicos y vehículo de apoyo, y con bicicletas eléctricas a disposición. Esta modalidad es la que concentran los viajeros mayores de 50 años, que encuentran en la asistencia permanente y en la asistencia eléctrica una manera de correr el techo físico del recorrido. Existen, además, operadores que arman itinerarios de dos, tres y cuatro días desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con logística previa y posterior incluida.

  • Viaje autónomo: tres días y dos noches, bici con trailer, retiro en San Martín de los Andes y devolución en Villa La Angostura, campings señalizados en un mapa provisto por la empresa.
  • Tour organizado desde Bariloche: cinco días, grupos de 30 a 40 personas, guías, mecánicos, vehículo de apoyo y bicicletas eléctricas, con Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y Arrayanes antes de los Siete Lagos.
  • Itinerarios cortos: operadores de dos, tres y cuatro días saliendo desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con logística previa y posterior.

Cuerpo, piernas y un segundo día que siempre pesa más

Los testimonios de quienes ya completaron el recorrido coinciden en un punto: no hace falta ser ciclista de alto rendimiento, pero sí llegar con un piso mínimo de estado físico. El segundo día suele ser el más exigente, porque se suma el cansancio de la primera jornada y aparecen los desniveles más sostenidos. Para quien vive en zonas llanas, como Buenos Aires, la recomendación concreta es arrancar un entrenamiento de cinco a seis meses con foco en fuerza de piernas, rodar en calle -no solo en bicicleta fija- y practicar el uso de cambios y piñones hasta dominarlo. La alimentación también pesa: proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido son los que sostienen el esfuerzo de varias horas arriba del asiento.

Temporada, costos y la pregunta que nadie quiere responder

La ventana útil va de noviembre a abril, con enero como mes a evitar si se busca cierto margen de tranquilidad. Fuera de ese rango, las condiciones climáticas y los servicios asociados al recorrido se vuelven menos confiables. Para planificar el viaje hay que contactarse con los operadores y comparar qué incluye cada paquete: alquiler de bicicleta con o sin eléctrica, cantidad de noches de alojamiento, comidas, vehículo de apoyo, entradas a los parques nacionales y logística de traslado de valijas entre paradas son los ítems que más hacen mover el precio de un extremo al otro.

La Ruta de los Siete Lagos dejó de ser un trayecto exclusivo de autos y combis y se convirtió en un producto turístico en sí mismo, con dos públicos bien definidos: el ciclista autónomo que busca libertad y pernocte en campings, y el viajero adulto que prefiere la red de seguridad de un grupo organizado. En ambos casos, el desafío es el mismo: 110 kilómetros de montaña, con un segundo día que siempre pide más de lo que parece. La pregunta de fondo que queda dando vueltas es quién termina regulando los estándares de seguridad, la capacitación de los guías y la calidad del equipamiento que se ofrece, porque a mayor cantidad de ciclistas en la ruta, mayor es la responsabilidad de que la aventura no se transforme en un parte sanitario.

AT
Agustina ToledoAmbiente y agua

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