Un mecánico de Neuquén liquidó el taller, se subió a una moto de ciudad y se fue ruta a Alaska
Nicolás Poblet cumple 40 años en octubre y a las pocas semanas arranca. Una Honda Navi, una carpa y la promesa de no volver hasta haber pisado los dos extremos de América.
Hay gente que para festejar el cumpleaños se compra un asado, una remera o un viaje a algún lado con todas las comodidades. Nicolás Poblet, neuquino de 39 años que en unos días sopla las 40 velitas, eligió otro plan: vendió el taller mecánico donde laburaba, cargó una Honda Navi en algún lado y se mandó a la ruta. Destino: Alaska. Punto de partida: Ushuaia. Fecha de vencimiento: abierta.
La historia tiene todos los condimentos de una locura hermosa, empezando por el vehículo. La Honda Navi es una moto chica, pensada más bien para moverse por la ciudad, no para cruzar dos continentes. Poblet lo sabe. La eligió justamente por eso: porque lo obliga a rodar tranquilo, a unos 60 kilómetros por hora, y a frenar donde el camino le tire una seña.
La ruta que se mandó
- Cruza a Chile y baja por la Carretera Austral hasta Ushuaia, el punto más al sur.
- Desde ahí sube por Argentina siguiendo la Ruta 40 hasta el norte.
- Atraviesa Bolivia y Centroamérica con todo lo que eso implica.
- Sube por Norteamérica hasta Alaska, el punto más al norte.
- Tiempo estimado: entre un año y medio y dos años, sin itinerario cerrado.
Como primer viaje largo en moto, cualquiera se pensaría dos veces. Como sexto o séptimo viaje, también. Pero Poblet atraviesa esta aventura con un plus: es mecánico. Conoce la moto al detalle y apuesta a que, si se rompe algo, lo pueda arreglar él mismo con las herramientas que lleva en el equipaje. Eso, claro, hasta que aparezca la primera sorpresa de verdad.
El dinero, mientras tanto, viene de otro lado. El taller que dirigía en Neuquén está en venta o ya se vendió; lo que junte queda para Benjamín, su hijo de 17 años. El viaje en sí lo financia con algunos ahorros y con lo que vaya generando en el camino, una ecuación siempre frágil cuando uno se pasa un año durmiendo en una carpa. La calculadora de Nicolás tiene mucho de fe y algo de inconsciente.
Ah, dormir. Casi el 90 por ciento de las noches las va a pasar acampando, al costado de la ruta o donde encuentre un lugar seguro para plantar la carpa. Hoteles, pocos. Posadas, menos. La moto, una carpa, un bidón extra de nafta, herramientas y Starlink para hablar con el pibe. Esa es la lista. Con eso se va.
“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él.”Nicolás Poblet
Esa frase dice bastante de cómo se juega esta historia. No es la del tipo en crisis existencial que manda todo a la mierda para encontrarse a sí mismo. Es la de un padre que durante años frenó las ganas de arrancar porque el nene era chico. Ahora Benjamín tiene 17, más autonomía, y entre los dos acordaron el momento. Incluso existe la chance de que el chico se tome un avión hasta algún punto del recorrido para compartir una etapa con su viejo. Si eso llega a pasar, va a ser una de las cosas más lindas que se vieron en mucho tiempo en una ruta americana.
Poblet documenta todo en un canal de YouTube y una cuenta de Instagram bajo el nombre Astronavi. Lugares, encuentros, paisajes y, promete, también los días en los que la cosa no salga como la imaginó. Bien. Porque de eso también se hace un viaje, y de eso también se hace una nota. Algunos vamos a seguirlo desde el celular y otros, los más valientes, vamos a recordar la Navi cada vez que veamos una moto chica haciendo cosas grandes.
¿Vale la entrada? Vale la entrada. Porque hay decisiones que sólo se justifican cuando uno se anima a tomarlas, y este muchacho neuquino, con taller vendido y moto prestada aparentemente chica, se la está jugando entero. Y si algo sale mal, lo va a arreglar él. Si algo sale bien, lo va a contar él. Lo único que le pido al universo es que no le rompa la comunicación con el pibe. El resto se va arreglando en la ruta, como siempre.
PD: brindo por el que dejó la moto cargada al lado del surtidor mientras el padre de Nicolás terminaba de cargar el bidón extra. Por una vez, alguien me ganó en la fila y no me quejo.
