Teeto: el plataformas neozelandés que quiere devolverte a los noventa sin pedirte la jongu
Eat Pant Games presenta un plataformas 3D de cuatro actos, cooperativo local y una mecánica de absorción que muta al personaje según lo que come del escenario. Accesible, explorativo y pensado para jugar sin enojarse.
Hay que decirlo con todas las letras: el cartel de plataformas 3D ochentoso-noventoso está más saturado que la grilla de streaming un martes a las diez de la noche. Y sin embargo, cada tanto aparece un outsider con pinta de haber sido criado en un sótano con un cartucho y buena voluntad. Teeto, el debut de Eat Pant Games desde Nueva Zelanda, es exactamente eso: una masa azul con cara de pocos amigos, una coneja como compañera de aventuras y una promesa de revivir el espíritu de los 64 bits sin obligarte a vender un riñón.
Absorber para mutar
La gracia del asunto — y lo digo sin ironía, que conste — está en una mecánica central de absorción. Teeto puede comerse rocas, fuego y otros elementos del escenario y, como quien digiere un churrasco, muta sus propiedades para acceder a habilidades nuevas. Saltar entre plataformas deja de ser un trámite lineal y se convierte en un ejercicio de observación: hay que mirar, decidir qué conviene engullir y recién después avanzar. Es simple, pero no pavote.
- 24 niveles repartidos en cuatro actos, con la corrupción de sombras como hilo conductor.
- Cooperativo local en pantalla dividida, porque jugar acompañado siempre fue mejor que jugar solo.
- Movimiento basado en doble salto y planeos, con peleas contra jefes que también usan la mecánica de absorción.
- Curva de dificultad amable: pensado para que cualquiera lo termine sin desesperar.
La historia es la mínima indispensable para justificar el recorrido: Teeto y Nory, la coneja, van limpiando el mundo de una oscuridad que nadie explicó bien de dónde salió. Lo importante no es el libreto, sino cómo están armados los escenarios. Los coleccionables y las criaturas a rescatar están escondidos en cada rincón, y el juego te paga con satisfacciones chicas si te tomás el tiempo de mirar en vez de correr hacia la salida.
¿Vale la entrada, la mitad o nada?
Acá va mi calificación, porque soy de las que se moja: vale la entrada, pero con una aclaración. Si sos de los que piden plataformas con plataformas que te hagan transpirar los nudillos, probablemente te lo banquees como un paseo por el parque. La dificultad está calibrada para que cualquiera lo disfrute, y eso es una decisión de diseño, no un defecto. Si te banco es justamente por eso: porque en un género donde todo compite por ser el más cruel, alguien se anima a recordar que también se puede jugar sin sufrir.
El cooperativo local con pantalla dividida le suma un manto social que muchas producciones de hoy dan por perdido. Jugar en el sillón con alguien al lado, señalándose los secretos del escenario, es de esas cosas que el online nunca va a reemplazar. Y si no tenés con quién, la campaña en solitario funciona igual de bien, porque el diseño de niveles está pensado para que no necesites a nadie para pasarla bien.
En definitiva, Teeto es un plataformas honesto, con una mecánica fresca y el corazón puesto en la exploración. No viene a reinventar la rueda, pero le da una mano de pintura nueva y la hace rodar con dignidad. Lo recomendaría, sobre todo, a esa generación que se crio con ciertos personajes de la era de los 64 bits y extraña esa sensación de encender la consola sin saber bien qué te esperaba del otro lado. Acá te espera lo mismo: un mundo colorido, una mecánica rara y una masa azul que te enseña que, a veces, lo que necesitás es comerte un problema para resolverlo.
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