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Se fue el Negro González Oro y la mañana de la radio amanece un poco más huérfana

El periodista y conductor murió en Punta del Este a los 74 años. Había dejado la diaria en 2021, pero nunca del todo el micrófono. Un recorrido por su trayectoria y por las cosas que él mismo eligió contar sobre su mudanza al Uruguay.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Dicen que cuando alguien así se va, lo primero que se viene a la cabeza es la hora del día en la que lo escuchabas. En mi caso, la mañana. Esa franja que él se había adueñado con la misma naturalidad con la que otros piden un café. Vale la entrada, y de sobra, porque González Oro fue uno de los últimos que entendió que la radio de la mañana no es un decorado: es una mesa de café donde la gente entra con el termo servido y las ganas de que alguien le banque la primera hora del día.

Un dueño de las mañanas

González Oro murió este viernes 25 de septiembre en Punta del Este, la ciudad que eligió como casa desde 2020. Tenía 74 años y una trayectoria que ya estaba escrita en mayúsculas antes de irse a vivir al Uruguay. Trabajó 35 años en radio y televisión, pero la mayor parte del público lo recuerda por El oro y el moro, el ciclo que condujo durante 15 años y que fue sinónimo de la franja matutina en la AM durante buena parte de los años 90 y principios del 2000. Un clásico, en el mejor sentido de la palabra: de los que ya no quedan.

“Me han hecho muy feliz.”Oscar González Oro, en su última emisión al frente del ciclo, el 2 de abril de 2021

Esa fue la frase con la que cerró su última mañana en el aire, emitida desde Uruguay y con un equipo técnico en Buenos Aires que hacía de puente con la audiencia que él había construido durante una década en lo más alto del rating. No era un retiro improvisado: fue un cierre pensado, con familia, compañeros y oyentes pendientes del momento. Lo que vino después no fue exactamente silencio. Fue algo más honesto: una vida distinta, con micrófono más espaciado y la decisión de hacer lo que le gustaba, en lugar de lo que le demandaba el horario.

Por qué se fue

  • Dijo que quería pasar más tiempo con sus hijos, después de décadas de madrugones.
  • Mencionó el impacto de la cuarentena y la muerte de varios amigos cercanos.
  • Señaló el desgaste de escuchar a diario los problemas de sus oyentes como una de las razones del cambio.
  • Había vendido su casa de San Isidro y tramitado la residencia en Uruguay.

Hay una parte del relato que conviene leer con cuidado, porque él mismo la puso en primer plano cuando se mudó: la de no querer seguir siendo depositario obligatorio de las angustias ajenas. Es una confesión inhabitual en un conductor popular, donde lo más común es vender empatía las 24 horas. González Oro eligió correrse antes de que lo devorara el puesto. Vale la mitad de la entrada eso, porque hay quienes sostienen que un conductor así se debe al oyente hasta el final. Pero también vale la entrada completa, porque tuvo la lucidez de decir que no, antes de que la rutina lo pasara por encima.

En Punta del Este no se quedó quieto. Desde su casa hizo entrevistas y mantuvo participaciones en radio y televisión. También siguió activo en redes, donde compartía recuerdos y lecturas con el mismo tono didáctico y cálido que había sido su marca en el éter. La periodista Denise Pessana recordó una cena con él apenas un mes antes de su muerte y lo describió como siempre atento a las anécdotas y a la conversación, aunque ya con un cuerpo que ella misma notó frágil. Es la imagen más humana de las que circularon en las últimas horas: la de un hombre que eligió Uruguay para tener vida social y no para esconderse.

Lo que queda del aire

Cuando un tipo así se va, lo más sano es no endiosarlo. Pero también es injusto mirar para otro lado. González Oro le dio a la radio argentina algo que ya casi no se fabrica: un conductor que se sabía escuchado por todos y que no necesitaba gritar para imponer su firma. Su “negro” no era un apodo exótico ni una marca.marketera: era simplemente él, de un modo que uno se da cuenta cuando ya no está. La pregunta que sobrevuela la noticia es la de siempre: qué queda de una mañana cuando se le saca el nombre propio. Queda, supongo, la costumbre. Y la memoria del tono. Y la molestia de sintonizar otra cosa y comprobar que no es lo mismo. Nadie lo nombró oficialmente, pero me permito recordarlo igual: al sonidista que durante años bancó el operativo para que el Negro despidiera la última emisión desde Uruguay y se escuchara como si estuviera en la cabina de siempre. Por esa paciencia no hay aplauso que alcance. ¿Y a vos, qué se te viene a la cabeza cuando alguien te pregunta por González Oro? La mañana, supongo. La de alguien que se sentó a tu lado, del otro lado del dial, durante quince años.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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