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Salud mental infantojuvenil en la Argentina: una demanda creciente frente a servicios que no dan abasto

Niños y adolescentes llegan a escuelas, consultorios y guardias con síntomas cada vez más visibles, mientras la oferta profesional es escasa y la atención aparece fragmentada entre los sistemas de salud, educación y justicia.

Por Antonella AssadEconomía · 10 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En consultorios, guardias hospitalarias y aulas se repite un patrón que alarma a especialistas: chicos que no pueden dormir, que dejaron de comer o comen de manera compulsiva, que se aíslan, que se autolesionan o que expresan de manera directa que no quieren seguir viviendo. Detrás de cada uno de esos síntomas, según relatan profesionales consultados, hay una historia que en muchos casos tardó años en encontrar a alguien dispuesto a escucharla. Antonella Assad, Economía, presenta un panorama de la crisis y de las respuestas, todavía insuficientes, que ofrece el Estado y el sistema de salud.

El primer dato a considerar es la magnitud de la violencia que atraviesa la infancia. Las estimaciones de UNICEF indican que 1 de cada 8 niñas y mujeres sufrió una violación o una agresión sexual antes de los 18 años; entre los varones, la proporción es de 1 de cada 11. Buena parte de esas experiencias permanece silenciada porque nunca encontró un interlocutor, y sus consecuencias sobre la salud mental pueden extenderse durante toda la vida. A esas situaciones se suman maltratos cotidianos, negligencia y humillaciones que pocas veces quedan registrados en ningún expediente administrativo o judicial.

Pantallas, apuestas y un rendimiento escolar en caída

Las plataformas digitales incorporaron una dimensión adicional al cuadro clínico. Niños y adolescentes quedan expuestos a contenidos sexuales no deseados, a publicidades de apuestas y a material que promueve conductas de riesgo. De acuerdo con datos de UNICEF, 1 de cada 4 adolescentes argentinos apostó dinero al menos una vez. Para los especialistas, el uso intensivo de pantallas no responde únicamente a un cambio generacional de hábitos: en numerosos casos funciona como refugio ante soledades que no tienen otro lugar adonde ir.

A esa fotografía se suman los resultados de las pruebas PISA 2025, que mostraron que casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos de 15 años no alcanzaron el nivel básico en Matemática, y alrededor de 6 de cada 10 tampoco lo hicieron en Lectura ni en Ciencias. Aprender, explican los equipos técnicos, exige atención, confianza y tolerancia a la frustración, tres recursos que se agotan cuando la energía psíquica de un chico está puesta en sobrevivir al hambre, la violencia o el abandono. Si se compara con el promedio de la OCDE, la distancia se ensancha: el país se ubica muy por debajo de los niveles de rendimiento que registran la mayoría de los sistemas educativos avanzados.

Cuando una familia logra advertir que algo está mal y pide ayuda, puede enfrentarse con servicios saturados, falta de profesionales especializados y tiempos de espera que convierten una señal temprana en una urgencia. La atención suele llegar fragmentada: la escuela recibe el problema de conducta, el hospital el síntoma, la justicia la infracción. El chico, en el medio, puede perderse como persona dentro de un circuito de informes e intervenciones que rara vez se articulan entre sí.

Vamos a los números

  • 1 de cada 8 niñas y mujeres sufrió una violación o agresión sexual antes de los 18 años, según UNICEF.
  • 1 de cada 11 varones padeció una situación de abuso sexual en la infancia, también de acuerdo con UNICEF.
  • 1 de cada 4 adolescentes argentinos apostó dinero al menos una vez, según datos de UNICEF.
  • Cerca del 80 por ciento de los estudiantes argentinos de 15 años no alcanzó el nivel básico en Matemática en PISA 2025.
  • Alrededor del 60 por ciento de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel básico en Lectura y en Ciencias en PISA 2025.

La magnitud del problema contrasta con la estructura de respuesta. Los equipos especializados en salud mental infantojuvenil son escasos, los servicios aparecen saturados y la articulación entre las áreas de salud, educación y justicia sigue siendo, en la mayoría de los distritos del país, una tarea pendiente. El resultado, coinciden los profesionales, es que muchos chicos quedan sin acompañamiento sostenido en momentos críticos, con el riesgo de que un cuadro tratable en la infancia se transforme, en la adultez, en un trastorno consolidado de difícil reversión.

AA

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