Ricardo Soulé se despide en casa: el último viaje de un quilmeño que le cantó a Dios y al desamor
La familia del fundador de Vox Dei confirmó el velatorio abierto al público en la Casa de las Culturas de Quilmes, la misma ciudad donde empezó a tocar la guitarra y el violín. Crónica de una despedida que también es recorrido por una vida inteira dedicada a la música.
Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero Ricardo Soulé siempre fue una excepción quilmeña. El fundador de Vox Dei murió a los 76 años después de pasar varios días internado en un sanatorio de su ciudad natal, y sus hijos convocaron a los seguidores a darle el último adiós en un sitio bien simbólico: la Casa de las Culturas, ahí nomás, en pleno centro de Quilmes.
Lo que más llama la atención es la modestia del lugar. Nada de estadios colmados ni megaoperativos: la familia fijó dos franjas concretas para el ingreso, el viernes de 20 a 1 de la madrugada y el sábado de 7 a 11, en Pasaje Papa Francisco 383 (antes Rivadavia). Una liturgia chica, casi de parroquia, para un músico que le puso música a la Biblia y también a las rupturas amorosas de cualquier adolescente del conurbano.
Del Nacional de Quilmes al pogo sacro
La historia de Soulé empieza en el Nacional de Quilmes y termina, en gran parte, ahí mismo. A los 17, mientras cursaba el secundario, escribió “Presente (El momento en que estás)” después de una separación de quien después sería su esposa. Esa canción terminó en Caliente, el primer disco de Vox Dei publicado en 1970, y se volvió una de las piezas más emblemáticas del rock argentino con raíz cristiana.
Antes de ser Vox Dei hubo un Mach 4 fundado en 1967 junto a Willy Quiroga, Rubén Basoalto y Juan Carlos “Yodi” Godoy. Dos años después el nombre mutó y arrancó una aventura que mezcló guitarras eléctricas con textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. La Biblia, de 1971, fue la apuesta más ambiciosa del grupo: un disco doble que incluyó “Génesis” y “Libros sapienciales” y que sigue sonando raro, enorme, único.
- Velatorio abierto en Casa de las Culturas, Pasaje Papa Francisco 383, Quilmes Centro.
- Viernes de 20 a 1 de la madrugada; sábado de 7 a 11.
- Soulé estuvo internado varios días en un sanatorio de Quilmes.
- El 11 de septiembre había anunciado una pausa en sus shows por un tratamiento.
- Después de irse de Vox Dei en 1974, siguió como solista con discos como Vuelta a casa, Romances de gesta y Vulgata.
- También compartió escenario con su hijo Gabriel en el proyecto Ricardo Soulé y La Bestia Emplumada.
El 11 de septiembre Soulé había publicado un mensaje avisando que se bajaba un rato de los escenarios para hacer un tratamiento “junto a su familia”. Apenas un mes después, la noticia golpeó distinto. Murió un viernes, rodeado de los suyos, y la convocatoria a despedirlo quedó a cargo de sus hijos, que usaron la cuenta oficial del artista para difundir los horarios.
Más allá del velatorio, lo que queda es una obra que todavía se tararea en cualquier kiosco asomas por un patio del conurbano. Toco la guitarra, el violín, cantó y compuso con la misma naturalidad con la que se cruza la plaza un domingo. Su paso por Vox Dei dejó himnos que mezclan liturgia y rock pesado; su carrera solista, en cambio, mostró a un artesano obsesivo con la palabra y con la melodía, capaz de grabar un disco entero sobre textos bíblicos y al rato cantar un tema de amor adolescente como si recién lo hubiera escrito a mano en una carpeta del colegio.
¿Vale la entrada? Vale la entrada y un aplauso largo. Ir a Quilmes a despedirlo es, en el fondo, cerrar un círculo: el pibe del Nacional que escribió “Presente” a los 17 vuelve a su banco, pero esta vez para que le canten los demás. Y si alguien merece que le dediquen una velada entera, es Willy Quiroga, el gran compañero de ruta que sostuvo la llama de Vox Dei durante décadas y que hoy carga con la mochila más pesada: la de seguir tocando sin el otro pilar fundador. Gracias por todo, Ricardo. Hasta siempre.
