Raimondo se subió al trono de los goleadores en Italia y le sacó ventaja al propio Lautaro
El delantero de 22 años firmó un triplete en la victoria 4-2 de Frosinone sobre Sassuolo y, con ocho tantos en la temporada, quedó como máximo artillero de la Serie A, tres por encima del capitán de Inter.
Tengamos esto bien claro, porque no pasa seguido: hay un italiano puro, nacido en Rávena, de veintidós años, que hoy manda en la tabla de goleadores de la Serie A. Se llama Antonio Raimondo, juega en el Frosinone que recién ascendió, y este sábado volvió a hacer polvo las redes. Tres pepas metió en el 4-2 a Sassuolo, en una noche caliente del estadio Benito Stirpe. Y de yapa, le sacó tres goles de diferencia a Lautaro Martínez, que es ni más ni menos que el referente de área del Inter campeón. Dato mata relato.
9 minutos: Calò rompió el cero
El arranque fue eléctrico. Giacomo Calò, de esos volantes que nunca se cansan de presionar, le robó la pelota en la salida a un Sassuolo distraído y definió a los nueve minutos para el 1-0 parcial. Frosinone salió a comerse la cancha desde el primer minuto y le salió bien la idea. Pero el visitante avisó que no iba a ser testigo mudo del partido.
15 minutos: Berardi respondió de inmediato
Sassuolo no se quedó esperando. Un pase largo le cayó a Domenico Berardi, que encaró por la derecha, se sacó de encima a la marca y superó al arquero con categoría para empatar 1-1 cuando apenas se había cumplido el cuarto de hora. Partido abierto, resultado sin dueño y la tribuna sin poder sentarse todavía.
26 minutos: el primer grito de Raimondo
Hasta acá lo habíamos tenido al partido como un ida y vuelta entretenido. Pero el que apareció para romperlo fue Raimondo. Centro desde la derecha, el punta se filtró por el segundo palo y la empujó para volver a poner arriba al Frosinone. Faltó mucho para terminar, pero la noche ya empezaba a tener un dueño claro.
30 minutos: la jugada del partido
Pocos minutos después llegó la perlita que terminó de enamorar al público local. Caleta-Car quiso peinar hacia atrás, el arquero Arijanet Muric salió desesperado a cortar el envío, pero no llegó a tocar la pelota y además se alejó de su área cuando ya no podía usar las manos. Un error así, en la Serie A, se paga carísimo. Raimondo, que jamás dejó de correr la jugada, controló con el pecho prácticamente sobre la línea y definió sin oposición para el 3-1. Lo que vino después fue un festival: al descanso, cinco goles en apenas treinta y seis minutos, con un descuento de Thorstvedt que dejó el 3-2 y la incertidumbre intacta para el segundo tiempo.
57 minutos: hat-trick y baile del estadio entero
El complemento se aplacó, pero Raimondo no estaba conforme con su cosecha. Centro desde la izquierda, cabezazo de Farès Ghedjemis que Muric rechazó a medias y la pelota quedó boyando en el área chica. El nueve de Frosinone fue más rápido que todos, la empujó y desató el delirio: triplete, 4-2 y gol número ocho en la temporada para él, uno más que Donyell Malen y tres por encima del propio Lautaro Martínez, que lleva cinco y suele ser el que amenaza estas tablas.
90 minutos: salida ovacionada
Massimiliano Alvini lo sacó en el minuto final para que se lleve la ovación completa del Benito Stirpe. Se fue caminando, con la pelota del partido bajo el brazo y la noche consagratoria en el lomo. Lo que viene es la gran pregunta: ¿puede Raimondo sostener un ritmo así durante toda la Serie A? Los antecedentes mandan, y para un delantero de veintidós años en su primera campaña de continuidad en la máxima categoría, mantener este nivel sería directamente romper el molde. Ya avisó que quiere.
Para cerrar, un dato histórico del clásico: la última vez que un jugador de Frosinone terminó una fecha como máximo anotador absoluto de la Serie A se remonta a los tiempos en que el club militaba en otras categorías, un detalle que habla del fenómeno que estamos viendo. Y de yapa, una chicana amable para el Sassuolo: ojo, que cuando se viene un nueve así, conviene mirarlo de frente y no de reojo, porque este muchacho no perdona. Se llama Raimondo. Anoten el apellido, que va a sonar seguido.
