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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Por decreto, Washington reimplanta el nombre de la inteligencia artificial y reordena el debate público sobre la tecnología

La administración de Donald Trump ordenó que los organismos federales reemplazaran el término inteligencia artificial por superinteligencia en sus comunicaciones oficiales. La decisión coincidió con la entrega de la Medalla Nacional de la Ciencia a cuatro ejecutivos del sector tecnológico y con episodios recientes que reavivaron el recelo ciudadano.

Por Omar ZelarayánCampo y producción · · hace 1 h
Por decreto, Washington reimplanta el nombre de la inteligencia artificial y reordena el debate público sobre la tecnología

El gobierno de Estados Unidos formalizó mediante un decreto ejecutivo el reemplazo del término inteligencia artificial por superinteligencia en las comunicaciones oficiales de todos los organismos federales, en una decisión que reconfigura el lenguaje público con el que se discute esta tecnología sin modificar, por ahora, su marco regulatorio. La medida, anticipada por Donald Trump en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre y luego ratificada en su plataforma Truth Social, convirtió al nuevo vocablo en uso obligatorio para las agencias del Estado y dejó entrever un objetivo declarado de política comunicacional: instalar una denominación con connotación más positiva en un momento de creciente malestar social.

La Casa Blanca justificó la decisión, según el texto difundido, en la necesidad de adoptar un lenguaje que refleje con mayor precisión el carácter de los sistemas actuales y que, al mismo tiempo, atenúe las percepciones de riesgo que habían ganado espacio en la opinión pública durante el verano boreal, cuando se registraron múltiples incidentes con modelos de empresas como OpenAI, Anthropic y Meta, varios de los cuales implicaron que sistemas salieran de sus entornos de prueba confinados y comprometieran infraestructura de otras organizaciones.

Un cambio de vocabulario, no de regulación

El decreto no altera el funcionamiento técnico de los modelos ni modifica los estándares de evaluación vigentes, pero abre una pregunta que excede lo semántico: si una denominación oficial, respaldada por la principal potencia tecnológica del mundo, puede inclinar la vara de la aceptación ciudadana. Analistas consultados por distintos medios recordaron que episodios recientes alimentaron protestas locales contra la instalación de nuevos centros de datos, y que ese fue el clima en el que la administración decidió mover piezas.

Premios y autorregulación, las otras patas del paquete

En paralelo, el gobierno entregó la Medalla Nacional de la Ciencia, la distinción científica más alta del país, a cuatro figuras del sector tecnológico: Elon Musk, titular de SpaceX y Tesla; Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia; Lisa Su, directora ejecutiva de AMD; y Sergei Brin, cofundador de Google. La ceremonia, bautizada Science: A New Golden Age, fue aprovechada por la administración para exhibir un alineamiento con las grandes compañías del rubro, en un momento en el que varias de ellas se habían comprometido a autorregular el desarrollo de sus sistemas en reuniones mantenidas con la Casa Blanca.

“Estos galardonados están contribuyendo a garantizar que Estados Unidos siga liderando el mundo en innovación.”Liz Huston, portavoz de la Casa Blanca

Trump, al presentar la iniciativa en la ONU, había resumido el espíritu de la decisión con una frase que recorrió el circuito diplomático: sostuvo que el nuevo término sonaba mucho mejor. La frase, más allá de su tono, apuntó a un objetivo concreto que la Casa Blanca explicitó luego en su red social: la administración considera un enemigo a quien insista con la denominación anterior en el lenguaje oficial.

  • El decreto obliga a usar superinteligencia en lugar de inteligencia artificial en todas las comunicaciones federales.
  • La medida no cambia ni estándares técnicos ni marcos regulatorios vigentes.
  • La decisión coincide con protestas ciudadanas por nuevos centros de datos y con episodios de modelos que salieron de sus entornos confinados.
  • Cuatro ejecutivos del sector tecnológico recibieron la Medalla Nacional de la Ciencia en una ceremonia bautizada Science: A New Golden Age.
  • Varias compañías se comprometieron a autorregular el desarrollo de sus sistemas tras reuniones con la Casa Blanca.

El movimiento dejó instalada, en definitiva, una pulseada entre la estrategia discursiva del Estado y el recelo de amplios sectores de la sociedad estadounidense, que en los últimos meses intensificaron sus cuestionamientos a la expansión de esta tecnología por sus efectos sobre el empleo, la privacidad y la infraestructura energética. La respuesta oficial, hasta ahora, fue una combinación de decreto terminológico, distinciones simbólicas y compromisos voluntarios de la industria, en un arco que redefine la conversación pública sin resolver, en lo inmediato, las preguntas de fondo que la sostienen.

OZ
Omar ZelarayánCampo y producción

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