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Microplásticos en la mesa: toxicólogos instan a dejar el plástico fuera del microondas

Especialistas en toxicología de Estados Unidos recomendaron reemplazar los envases descartables por vidrio o cerámica antes de recalentar alimentos, una práctica doméstica sencilla para acotar la exposición a partículas que se desprenden del plástico cuando se eleva la temperatura. Las consecuencias de esa ingesta todavía se estudian.

Por Antonella AssadEconomía · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Toxicólogos consultados por la prensa estadounidense recomendaron sustituir los recipientes de plástico por vidrio o cerámica antes de llevar la comida al microondas, en una estrategia doméstica que apunta a reducir el contacto con partículas que pueden liberarse del envase durante el calentamiento. El consejo, difundido en los últimos días, vuelve a poner bajo la lupa un tema que la literatura científica viene estudiando desde hace años.

La mecánica del calentamiento y los materiales

El aumento de temperatura hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar su estructura de polímeros, explicó la toxicóloga médica Serah Oyewole, del Houston Methodist. Esa fractura, añadió la especialista, permite que fragmentos y aditivos incorporados durante la fabricación —entre ellos colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas— migren hacia los alimentos.

“El calor interviene en la liberación de fragmentos del material y de sustancias que se incorporaron durante la fabricación.”Wells Brambl, toxicólogo y médico de emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health

Vamos a los números: la advertencia no cuantifica porcentajes de migración ni umbrales de temperatura, pero la lógica que comparten los especialistas es que a mayor calor y mayor tiempo de exposición, mayor es la liberación de partículas. Las recomendaciones se apoyan en literatura científica que ya documentó la presencia de microplásticos y nanoplásticos en el organismo humano, aunque sin probar todavía una relación causal con enfermedades específicas.

  • Pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla.
  • Si no hay otra opción que usar plástico, ajustar la potencia del microondas al mínimo necesario para templar el alimento.
  • No confiar exclusivamente en la leyenda «apto para microondas»: la aprobación del envase no descarta la liberación de partículas.
  • Revisar utensilios, tapas y esponjas de plástico y reemplazarlos de manera gradual.
  • Optar por productos con menos envolturas plásticas al comprar.

Brambl aclaró que estas decisiones tienen un alcance limitado, ya que la contaminación ambiental puede poner a los alimentos en contacto con microplásticos antes de su procesamiento o envasado, un punto que ubica el problema en una escala más amplia que la cocina del hogar. En ese marco, la medida doméstica funciona como un paso posible dentro de un cuadro donde los efectos a largo plazo de la ingesta de esas partículas continúan bajo investigación: algunos datos muestran asociaciones con procesos inflamatorios, aunque una correlación no prueba causalidad.

Qué aporta el contexto local

En Argentina no rige, al cierre de esta edición, una norma específica que regule la presencia de microplásticos en alimentos. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) regula los materiales en contacto con alimentos a través de disposiciones que fijan requisitos de composición y migración para envases plásticos, aunque no fija límites cuantitativos para microplásticos ni para nanoplásticos. A nivel comparado, la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido (FSA, por sus siglas en inglés) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) vienen evaluando el tema en informes recientes, en línea con la cautela que mantienen los toxicólogos consultados.

AA

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