Los 67 metros que viajaron de palacio inconcluso a arco triunfal más alto del mundo
En pleno corazón de Ciudad de México, el Monumento a la Revolución se alza con una altura que ningún otro arco triunfal del planeta iguala: 67 metros sostenidos por cuatro pilares que nunca fueron pensados para este destino.
La historia de esta mole arranca el 23 de septiembre de 1910, cuando se colocó la primera piedra de lo que debía ser el Palacio Legislativo Federal. Tres meses más tarde, el edificio quedó atrapado por el inicio de la Revolución Mexicana y en 1912 las obras se interrumpieron por falta de presupuesto. El esqueleto de acero quedó varado durante dos décadas hasta que, entre 1933 y 1938, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia decidió reconvertirlo en monumento público. Conservó la cúpula central y los cuatro pilares originales, les sumó una estética Art Déco y completó los frentes con esculturas de Oliverio Martínez dedicadas a la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.
Un recorrido en cuatro paradas
- Planta baja: Museo Nacional de la Revolución, inaugurado en 1986, con ocho salas permanentes y una temporal que cubren el período 1857-1920.
- Nivel subterráneo: descenso hasta los sectores de cimentación del antiguo palacio, donde se ven las bases que sostenían el proyecto original.
- Mirador a 65,7 metros: acceso mediante elevador panorámico y vista de 360 grados sobre Ciudad de México.
- Criptas: restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco Villa y Lázaro Cárdenas.
El monumento cierra hoy una de las postales más transitadas del centro. Se ubica en Plaza de la República s/n, alcaldía Cuauhtémoc, a pasos del Paseo de la Reforma y con bajada directa desde la estación Revolución de la red de subterráneos. La entrada general tiene un costo accesible y el complejo suele funcionar de miércoles a domingo en horario corrido. Para quienes viajan desde la Argentina, conviene chequear con anticipación los protocolos vigentes en la Ciudad de México antes de organizar la visita, ya que el monumento es gestionado por autoridades capitalinas y cualquier cierre por mantenimiento se comunica por los canales oficiales del complejo.
El dato de los 67 metros resulta revelador porque ningún otro arco triunfal del planeta lo supera. El Arco del Triunfo de París, referencia inevitable del género, mide 50 metros. El de Brandemburgo ronda los 26 metros. Lo que en Europa se construyó como pieza de ornamento urbano, en México terminó convertido en mirador, mausoleo y museo al mismo tiempo. Quien se pregunte qué autoriza tamaña transformación debe buscar la respuesta en la decisión presidencial de 1933 que dio luz verde a la reconversión: sin ese decreto, los pilares hubieran terminado desmontados y vendidos como chatarra.
