La nueva "Carrie" lee para liberarse y todavía cree que la van a salvar
La serie que reimagina la novela de Stephen King usa los libros como campo de batalla íntimo: una chica criada en casa por una madre fundamentalista descubre que leer es un acto de insurrección. Hay también un guiño cinéfilo que conecta con el próximo film de su director.
Hay una serie debutando donde la protagonista no hace gárgaras con memes: lee. Lee como quien desenchufa una máquina de terror hogareño. Y en un pequeño pueblo del condado de hay-en-otro-lado, donde todos fingen no ver nada, eso ya es muchísimo más de lo que cualquiera está dispuesto a perdonarle. La nueva adaptación de "Carrie" viene con la batería cargada: a la historia de siempre le meten una dosis de cultura libresca tan explícita que parece currículum, pero funciona. Funciona porque la chica descubre el mundo a través de lomos con nombres prohibidos, y eso, en 2025, todavía tiene eco.
La biblioteca como trinchera
La premisa es sencilla y efectiva: Carrie, interpretada por Summer H. Howell, fue educada en su casa por Margaret White (Samantha Sloyan), una fanática religiosa que le mantuvo la literatura bajo llave como si fuera un DVD ajeno. Cuando llega al colegio y le sueltan la mano, todo es pregunta. En su primer intento de socializar, tira una frase de "El pajarito blanco", de J. M. Barrie -"intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario"-, y se gana un silencio de ascensor. Nadie lo registró. Ella entiende, después de muchos años, que ahí afuera no se comparte así.
Cinco títulos para enemistarse con mamá
El orientador Peter Morton (Tim Bagley) la lleva a la biblioteca y ahí empieza lo lindo. Carrie pide cinco libros, y la serie no escatima guiños al espectador con buena memoria: "El cuento de la criada" (Margaret Atwood), "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Ken Kesey), "Sé por qué canta el pájaro enjaulado" (Maya Angelou), "Buscando a Alaska" (John Green) y "Anoche en el Telegraph Club" (Malinda Lo). Todos fueron -o son- carne de lista negra en alguna escuela gringa. Todos tocan temas que Margaret White considera herramientas del demonio: sexo, locura, cuestionamiento de la autoridad, identidad queer. La selección es una declaración de guerra hecha con la tapa del libro.
- "El cuento de la criada", de Margaret Atwood, donde las mujeres dejan de ser personas para ser funciones.
- "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Ken Kesey, sobre internaciones psiquiátricas como castigo a la diferencia.
- "Sé por qué canta el pájaro enjaulado", de Maya Angelou, autobiografía sobre abuso y racistazo estructural, dos temas que Margaret White obviamente no quiere discutir.
- "Buscando a Alaska", de John Green, sobre el luto adolescente y los primeros amores que salen torcidos.
- "Anoche en el Telegraph Club", de Malinda Lo, novela lésbica ambientada en los años cincuenta, cima del catálogo de chicas mal vistas.
El guiño a "El Exorcista" que casi nadie comenta
Pero la joyita llega en el segundo episodio, alrededor del minuto 31. En un plano chiquito, vemos a otra estudiante leer "El Exorcista" en la biblioteca. No es decoración. Es pista. Quien dirige la serie tiene en carpeta "El Exorcista: Mártires", secuela que se propone para marzo de 2027 y que ya viene con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor confirmados. Una frase al paso y, de pronto, la serie se conecta con un proyecto cinematográfico del propio showrunner. Es fino, elegante, de esos detalles que premia al espectador que mira con el ojo abierto.
“Los libros son armas y, en esta historia, Carrie lo aprende antes de aprender a defenderse de otra cosa.”Lorena Robles
¿Vale la entrada?
Acá va la nota al pie de la subjetividad más o menos informada: la serie vale la entrada. Es sólida, mira de frente un material mil veces adaptado y, en vez de repetir el gesto del balde de sangre, prefiere cortar por lo literario. El cuerpo va a explotar en algún momento, eso lo sabemos desde 1974. Lo interesante ahora es la subida. Y la fotografía, y el rostro de Howell, que sostiene la escena con esa cosa de chica que recién descubre que el aire existe. Un párrafo a la protagonista: nadie -literal nadie- le dijo que se podía salir del placard del miedo y, sin embargo, fue y volvió con la lista. Buena para ella.
