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Lunes, 12 de octubre de 2026
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La mesa familiar como herramienta nutricional, según un nuevo consenso pediátrico argentino

Especialistas nucleados en PROFENI presentaron NutreAR, una guía que pone el foco en el contexto de las comidas y no solo en los alimentos, y recomienda sostener al menos una comida compartida por día para chicos de entre 2 y 17 años.

Por Walter MedinaPolítica provincial · · hace 1 h
La mesa familiar como herramienta nutricional, según un nuevo consenso pediátrico argentino

En uno de los pasillos del 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica, organizado por la Sociedad Argentina de Pediatría, un grupo de profesionales divulgó camisas blancas y carpetas con un mensaje que busca correrse del enfoque exclusivamente: la forma en que los chicos comen importa tanto como lo que comen. La propuesta, bautizada NutreAR y elaborada por PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), recorre el arco que va de los dos a los diecisiete años y pone en el centro un concepto que los especialistas resumen en una sola palabra: comensalidad.

El término, repetido en cada panel, designa al conjunto de prácticas que rodean el acto de comer: con quién se comparte la mesa, en qué momento del día, con qué regularidad y en qué entorno. Para los autores del consenso, reducir la alimentación infantil a una lista de alimentos permitidos y prohibidos deja afuera dimensiones que la evidencia viene mostrando como determinantes. Los requerimientos nutricionales de un niño de dos años, de uno de diez y de un adolescente de dieciséis son distintos, y por eso la guía segmenta las recomendaciones por etapa.

Imitación, selectividad y el riesgo de los menús que se cristalizan

Uno de los mecanismos más documentados por la literatura que citan los especialistas es el aprendizaje por imitación. Cuando un chico observa a padres, hermanos, tíos o amigos incorporar variedad, tiende a ampliar su propio repertorio. La contracara es la selectividad alimentaria, es decir, cuando un chico se limita a un grupo muy reducido de platos: ese patrón, sostienen, se vuelve más difícil de revertir si no hay referencias cercanas que muestren otras opciones. Por eso la guía recomienda ofrecer siempre algo nuevo en la mesa y evitar consolidar menús demasiado restringidos.

  • Sostener al menos una comida compartida por día, preferentemente la cena, cuando coincide el grupo familiar después del trabajo y la escuela.
  • Incorporar a los chicos en la planificación y, cuando sea posible, en la preparación de las comidas, para reforzar el aprendizaje por observación.
  • Ofrecer de manera sistemática alimentos nuevos junto con los ya aceptados, en lugar de reemplazarlos, para ampliar el repertorio sin generar rechazo.
  • Limitar las comidas en solitario frente a pantallas, una práctica que crece a partir de los 14 o 15 años y reduce los vínculos en la mesa.
  • No restringir la comensalidad al hogar: los comedores escolares con menús planificados y las viandas preparadas en casa también construyen hábitos.

Sobre el último punto, el consenso subraya que la comensalidad no se agota en la cocina familiar. En la escuela, los comedores con planificación nutricional y las viandas llevadas desde el hogar funcionan como una extensión de la mesa y abren conversaciones sobre lo que se come, cómo se prepara y por qué. Comer con amigos cumple, además, una función equivalente a la de la mesa familiar: lo que importa es el lazo, no el parentesco.

Los especialistas también marcan un punto crítico en la adolescencia temprana: a partir de los 14 o 15 años crece la tendencia a comer solo, en la pieza, frente a una pantalla. Esa práctica reduce las oportunidades de construir los vínculos alrededor de la comida justo cuando se consolidan los hábitos que probablemente acompañen a esos chicos durante el resto de su vida. Sigamos la plata, dicen en los pasillos del congreso: intervenir en la organización de las comidas puede ser tan decisivo como intervenir en el plato, y suele costar menos.

El planteo deja una conclusión incómoda para muchas familias y para la política pública. Si lo que se come se aprende viendo, el Estado y las escuelas también enseñan con lo que sirven en los comedores, con los kioscos que conviven con los chicos y con los tiempos que se garantizan para almorzar. El chico que come solo frente a una pantalla y la familia que sostiene una cena alrededor de una mesa no son la misma infancia nutricional, aunque beban la misma leche. Quien invierta en la mesa, gana; quien la desarme, pierde.

WM
Walter MedinaPolítica provincial

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