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Domingo, 18 de octubre de 2026
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La inteligencia artificial en las escuelas puede ensanchar la brecha y dejar a los chicos pensando todos igual

Un investigador de Londres advierte que las herramientas de IA generativa no garantizan respuestas correctas, tienden a repetir lo que ya está instalado y, donde faltan docentes, se usan para reemplazarlos en lugar de ayudarlos.

Por Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo · · hace 2 h
La inteligencia artificial en las escuelas puede ensanchar la brecha y dejar a los chicos pensando todos igual

Acá en Tafí del Valle, mirando los cerros después de una mañana larga, me puse a leer con detenimiento lo que viene diciendo Wayne Holmes, un investigador que sigue desde hace años el cruce entre la inteligencia artificial y la educación. Trabaja en el UCL Knowledge Lab de la University College London y su mirada es, como mínimo, incómoda: no se vende con el entusiasmo de marketing que suelen tener las empresas del sector. Holmes cuestiona la idea, tan repetida, de que la IA pueda reemplazar el aprendizaje de la matemática o de cualquier otra materia. Y lo hace con argumentos que, en lugar de quedar en la teoría, no faltan.

La comparación con la calculadora no cierra

Una de las frases más escuchadas en los últimos tiempos fue comparar a la IA generativa con la calculadora. La idea es simpática: así como la calculadora cambió la manera de enseñar matemática sin eliminarla, la IA haría algo parecido. Holmes la descarta de raíz. Con una calculadora, si apretás las teclas correctas en el orden correcto, el resultado es correcto siempre. Con la IA generativa no hay garantía de eso: la respuesta puede ser acertada o no, y muchas veces el usuario no tiene cómo distinguirlo. Esa incertidumbre, según él, es lo que invalida la analogía y obliga a revisar con cuidado qué se pone en manos de los estudiantes.

“Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre.”Wayne Holmes, investigador del UCL Knowledge Lab

Una paradoja que se agranda en lugar de achicarse

Hay un punto donde Holmes se detiene y que, en mi lectura, es el más sensible de toda la charla: la desigualdad. Lo que cuenta es una paradoja que ya está pasando. Las escuelas privadas de mayor nivel, las que cobran cuotas altísimas, no se promocionan por sus computadoras ni por el uso de IA, sino por la calidad de sus docentes. En cambio, en zonas con pocos maestros o con recursos muy limitados, la tecnología aparece como solución de reemplazo. Es decir, donde más falta hace un buen profesor, se lo suplanta con un chatbot.

“Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos.”Wayne Holmes, investigador del UCL Knowledge Lab

Holmes va más allá del aula. Para él la educación es la base de la participación ciudadana, y desfinanciarla en nombre de la eficiencia tecnológica tiene consecuencias que se sienten en la sociedad entera. No es un planteo alarmista: es un recordatorio de que cada decisión sobre qué herramienta se compra y qué docente se deja sin nombrar termina moldeando una comunidad entera.

El riesgo de que todos pensemos igual

El otro punto que el investigador desarrolla tiene que ver con la uniformidad. La IA generativa escribe eligiendo las palabras más probables según los datos con los que fue entrenada. Eso trae una consecuencia silenciosa: los enfoques minoritarios o críticos quedan subrepresentados. Holmes lo probó con un ejemplo concreto: cuando le preguntó a distintas herramientas sobre los problemas del aprendizaje personalizado, todas le contestaron que el único inconveniente era la dificultad de implementarlo. Ninguna puso en duda si el enfoque realmente funciona, porque la mirada dominante en los textos de entrenamiento es que se trata de algo positivo. El resultado es que la herramienta termina avalando una única manera de ver la educación.

Cuánto cuesta y cómo se llega hasta esta discusión

Pensar la IA en las aulas no es solo un debate filosófico, también es un debate de plata y de acceso. Una licencia educativa de las herramientas más conocidas arranca en alrededor de 20 dólares mensuales por usuario, y los paquetes institucionales pueden pasar los 200 mil dólares anuales para distritos grandes. Para escuelas públicas argentinas, esos números son, en la mayoría de los casos, directamente inalcanzables. Se llega a esta discusión, en general, a través de jornadas organizadas por universidades, publicaciones especializadas o intercambios entre docentes en redes. Holmes, en concreto, disertó en un reciente coloquio sobre inteligencia artificial y educación donde participó como invitado internacional, y sus argumentos circularon después en medios de varios países.

  • La IA generativa no garantiza respuestas correctas como sí lo hace una calculadora.
  • Donde faltan docentes, la tecnología tiende a reemplazar en lugar de apoyar.
  • Las herramientas reproducen la mirada dominante y dejan afuera los enfoques críticos.
  • El acceso a estas plataformas tiene costos altos que profundizan la brecha entre escuelas.
  • Holmes fue directo: si hoy tuviera que armar una escuela, no incorporaría ninguna de las herramientas actuales.

Antes de cerrar esta nota, le pasé el tema a alguien que mira la educación desde otro ángulo y que conoce el terreno. María Eugenia Salazar, maestra jubilada de la escuela N° 312 de El Mollar, me dijo con su tonada de siempre: «Mirá, Gabiela, yo no le tengo miedo a la tecnología, pero le tengo mucho más miedo a que un pibe piense que porque una máquina le dio una respuesta linda, esa respuesta es la correcta. Eso lo destrozó a más de un chico mío antes de que yo pudiera explicarles otra cosa». Una advertencia simple, de las que se escuchan en las veredas de los pueblos, y que en buena medida coincide con lo que viene planteando Holmes desde Londres.

GC
Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo

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