La biopic de Moria Casán se enredó en la Justicia y los Vadalá no se quedan callados
A menos de un mes del estreno, dos hijos del exmarido de la vedette presentaron demandas contra Netflix, la productora y la propia Moria. El director de la serie también quedó en el medio. Piden plata, disculpas y cuestionan escenas puntuales. Acá, lo que hay que saber.
Pongámonos de acuerdo con algo: si vas a hacer una serie biográfica sobre una figura como Moria Casán, tarde o temprano alguien se va a ofender. Y no estoy hablando de los puristas del espectáculo. Estoy hablando de la Justicia. Menos de un mes después del desembarco en Netflix, la producción tiene dos demandas encima, dos hijos del exmarido de la vedette tirando del hilo legal y un director de serie que, pobrecito, también terminó en el expediente.
La primera en moverse fue Ingrid Vadalá, que ya tuvo su primera audiencia. Ahora se sumó Ramiro, su hermano, que fue un paso más allá: además de demandar a Netflix, a la productora y a Moria, incluyó a Javier Van de Couter, el director del proyecto. La primera audiencia de esta segunda causa está prevista para fines de septiembre, así que el tema tiene cuerda para rato.
Qué reclaman, exactamente
Los reclamos de Ramiro son tres y vienen con nombre y apellido: daño psicológico, daño moral y perjuicio a la imagen de su padre. El planteo central es que la serie muestra a Luis Vadalá en situaciones de consumo de sustancias y de violencia, y que esa representación habilitó críticas públicas sobre su figura. Entre las escenas que los Vadalá cuestionan hay una especialmente delicada: el personaje aparece desnudo frente a una hija menor de edad. No es un detalle menor.
Lo interesante es que la familia no pide editar la serie ni retirar las escenas. No van por la censura. Piden un resarcimiento económico, cuyo monto se definirá más adelante, y disculpas públicas. Es decir: quieren el billete y la foto del diario, no el bisturí sobre el corte final.
La defensa de Moria y un dato que incomoda
Desde el lado de Moria, el abogado César Carozza salió a cuestionar los argumentos de la familia y eligió un flanco curioso: objetó la queja por una escena donde el personaje es presentado con un origen humilde y trabajo en mecánica. "¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?", preguntó. Tiene un punto. Pero la discusión de fondo no pasa por ahí.
Porque hay un dato que suma contexto y que la nota no puede omitir: en 2007, el propio Luis Vadalá relató en primera persona varios de los episodios que hoy aparecen en la serie, en el marco del reality Gran Hermano Famosos, con cámaras activas las 24 horas. Es decir: parte de lo que la biopic ficciona ya fue contado por el propio protagonista, en vivo y para todo el público. ¿Alcanza eso para zanjar el debate? Probablemente no, pero es un mojón importante.
Mi opinión, con todas las letras
¿Debería una producción biográfica tener límites legales sobre cómo retratar a personas del entorno del protagonista? Mi respuesta corta: sí, pero no estos. La serie tomó recaudos narrativos claros, cambió el apellido y construyó al personaje desde lo ya contado por el propio Vadalá en televisión. Vale la entrada: no por la biopic en sí, que tiene sus bemoles, sino por el debate que abrió. Porque, nos guste o no, ficcionar la vida de alguien siempre es un acto invasivo, y alguien tiene que hacerse cargo. Mi reconocimiento de hoy va para el abogado Carozza, que en medio del quilombo eligió discutir el del mecánico y no la pirotecnia. A veces, las mejores defensas son las que bajan un cambio.
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