Gus Van Sant, Skarsgard y un secuestrador que queria salir en pantalla: ya esta en streaming
El thriller del director de "Todo por un sueno" reconstruye un caso real de los Estados Unidos de los anos setenta y recien ahora encuentra su publico en Movistar Plus. Resea desde el living, con ironia y a la primera persona.
Avanzo con una confession: vi el afiche y pense que era otra pelicula mas sobre un loco con un arma. Spoiler: no lo es. O no del todo. "Prime Crime: A True Story" -tambien conocida como "Dead Man's Wire"- es el thriller con el que Gus Van Sant vuelve a meter la nariz en personajes que el sistema prefiere no mirar. Y la pone en Movistar Plus, despues de un paso por salas tan tibio como preocupante: apenas 3,8 millones de dolares recaudados contra un presupuesto que rondaria los 15 millones. Vale la entrada, aunque todavia no pisaste el cine.
La historia es real y arranca en un banco de Indianapolis, Estados Unidos. Tony Kiritsis pidio un prestamo para comprar un terreno, se lo negaron y sospecho que la entidad queria quedarse con la propiedad para especular. Reaccion como cualquier persona razonable: tomo como rehen al hijo del dueno del banco con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal y exigio dos cosas. Una indemnizacion economica y, fundamentalmente, que lo dejaran hablar en television nacional. Si, en vivo. Si, con camara. Si, con el rehen en la nuca.
Un sueco, una bomba casera y un set de noticias
Ahi aparece Bill Skarsgard, actor sueco que viene de saltar del terror mas desatado al drama mas contenido sin despeinarse. Acuarela total: carga la pelicula sobre los hombros con una presencia que crece a cada minuto. No es el clown de "It" ni el principe vampiro de "Nosferatu". Es un tipo desesperado, comun, que cree -y no sin razon- que el sistema le esta pasando por encima.
El relato reconstruye las mas de 38 horas de la toma detenida, con la policia afuera y las cadenas de noticias transmitiendo en directo. La atmosfera toma prestadas las formas del thriller urbano norteamericano de los anos setenta: presion policial, cobertura mediatica en tiempo real y ese clima espeso donde el aire parece cortado con cuchillo. Van Sant no se esconde detras del genero: lo usa para hablar de abuso bancario, propiedad y de quien puede hacerse escuchar cuando nadie le da el microfono.
El desenlace no cierra todas las contradicciones que abre. Y eso, lejos de ser un problema, es lo mas honesto de la pelicula: proponer una lectura sobre los limites de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan. No hay moraleja barata ni discurso redondito. Hay preguntas que quedan flotando, que es exactamente lo que uno espera de un Van Sant en estado de gracia.
Mi veredicto, con la escala de siempre: vale la entrada, aunque la veas en el sillin del living con un mate al lado y el gato pidiendo comida. No va a cambiarte la vida, pero te deja pensando un rato largo. Y eso, en un momento donde las plataformas estan tapadas de thrillers olvidables, ya es un pequeno milagro. Gracias a quien corresponda por programarla.
Te puede interesar
