Escapadas cerca y a menudo: la fórmula simple que, según un estudio, mejora el bienestar
Una investigación australiana de la Universidad de Sunshine Coast siguió a más de 1.200 turistas y concluyó que las salidas breves y frecuentes también aportan satisfacción con la vida, sobre todo en quienes menos herramientas tienen para sobrellevar las dificultades.
Desde que uno se despierta en Tafí del Valle y mira por la ventana cómo la neblina se pega a las cumbres de los cerros Muñoz y Ñuñorco, aparece esa certeza antigua de que no siempre hay que irse lejos para cambiar el aire. A veces alcanza con poner la pava, armar el bolso y manejar una hora hasta un pueblo con aroma a quesería o hasta la costa del río para que la cabeza se acomode sola. Esa intuición, que muchos acariciamos sin investigarla demasiado, acaba de encontrar un respaldo académico que vale la pena repasar con calma.
Qué encontró la investigación
El equipo encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, de la Universidad de Sunshine Coast en Australia, analizó datos de más de 1.200 turistas australianos, recogidos en tres olas entre 2020 y 2023. El trabajo se preguntó con qué frecuencia viajaban por ocio, cuán felices se sentían, qué tan bien podían sobrellevar situaciones adversas y qué nivel de satisfacción con la vida declaraban. Lo que hallaron es, en buena medida, una buena noticia: las escapadas cortas y cercanas, cuando se repiten, también dejan huella. Y esa huella se nota más en quienes menos recursos de afrontamiento tienen en el día a día.
La diferencia fue reveladora. Quienes se percibían como más vulnerables o con menos herramientas para enfrentar dificultades mostraron los beneficios más marcados. En cambio, las personas que ya contaban con recursos moderados o altos de afrontamiento también mejoraron, pero con menor intensidad. Dicho de otro modo: el viaje breve no reemplaza a un tratamiento ni a una terapia, pero parece funcionar como un pequeño motor para quienes arrancan con menos nafta emocional.
Por qué podría funcionar
Los autores se apoyan en una línea clásica de la psicología positiva, conocida como la teoría del ensanchamiento y construcción, que sostiene que las emociones agradables amplían nuestro repertorio de pensamiento y de acción. Viajar, aunque sea a dos horas de casa, pone al cuerpo en movimiento, expone a paisajes distintos y a conversaciones nuevas. Eso, con el tiempo, puede sumar herramientas internas que después quedan disponibles cuando la rutina se pone brava.
Cuánto cuesta y cómo se hace posible
En el Noroeste argentino, una escapada breve puede costar mucho menos de lo que uno imagina. Una noche en cabaña en Tafí del Valle, con desayuno y estufa a leña, arranca en torno a los 35.000 pesos por persona en temporada baja, y los hospedajes familiares de Amaicha o El Mollar suelen estar por debajo de esa cifra. Para llegar desde San Miguel de Tucumán hay poco más de cien kilómetros por la ruta 307, en un viaje de unas dos horas con curvas y vistas que ya van curando el ánimo. Quienes salen desde Buenos Aires pueden tomar un vuelo low cost a Tucumán por valores que arrancan cerca de los 60.000 pesos ida y vuelta si se reserva con algo de anticipación, y completar el tramo final en remise, auto alquilado o combi.
- Reservar con al menos dos o tres semanas de anticipación para conseguir mejores tarifas de alojamiento y transporte.
- Elegir destinos a menos de tres horas de casa para sostener la frecuencia, que es donde el estudio vio mayor efecto.
- Sumar al menos una actividad al aire libre, como trekking suave por la quebrada de los Sosa o kayak en el lago La Angostura, para aprovechar el componente físico.
- Llevar un cuaderno o anotaciones en el celular: registrar lo que se sintió ayuda a que el beneficio se note cuando uno vuelve a la rutina.
- Apoyarse en propuestas con guía cuando uno es principiante, ya que el propio estudio recomienda facilitar la participación con visitas guiadas y traslados.
Los límites que hay que tener en cuenta
Antes de sacar conclusiones demasiado entusiastas, conviene mirar los asteriscos. Todos los participantes eran turistas australianos y el período bajo análisis coincidió con las restricciones de la pandemia, lo que pudo haber modificado tanto la frecuencia como la intensidad de los viajes. Los propios autores aclaran que hacen falta estudios en otros países, con otros contextos económicos y culturales, antes de extrapolar los resultados con confianza. También aclaran que el trabajo encontró asociaciones, pero no garantiza relaciones de causa y efecto.
La voz de quien lo vive
Don Cirilo Salazar, guía de trekking de Tafí del Valle con más de veinte años caminando la quebrada, resume la idea con una frase que se repite en su casa chaqueña cada vez que alguien le pregunta para qué sirve tomarse dos días: "Cuando uno sale seguido, aunque sea a la casa de un primo en Colalao del Valle, vuelve con los ojos lavados. Y con los ojos lavados se trabaja mejor, se discute mejor, se vive mejor". Para él, la frecuencia es el verdadero secreto, más que el destino o la plata gastada.
En tiempos donde planificar una gran vacación parece cada vez más caro y más lejano, la investigación australiana deja un mensaje reconfortante: no hace falta esperar al viaje del año para sentirse un poco mejor. A veces, con el bolso chico, el termo lleno y dos días libres bien aprovechados, alcanza para empezar a notarlo.
