Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Di María lo dio vuelta en una final caliente y Central se va al descanso arriba

El Fideo, con un tiro libre exquisito y un penal sancionado por el VAR, revirtió el 1-0 inicial de Estudiantes en Santiago del Estero. El Pincha terminó el primer tiempo con dos cambios por lesión y la sensación de que se le escapaba la Supercopa Internacional.

Por Martín NievaDeportes · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo vi y casi no lo puedo creer. Rosario Central se fue al vestuario ganando 2-1 en una final que había empezado torcida, en una cancha neutral, ante un rival que pegó primero y que además se quedó sin cambios por lesiones. Ángel Di María, con la jerarquía que le sobra, se disfrazó de salvador: metió un tiro libre de otro partido y luego cambió por gol un penal que el árbitro Darío Herrera sólo vio después de ir a chequear con el VAR. Así, en cuestión de minutos, el Canaya pasó de festejar poco a soñar despierto con la Supercopa Internacional.

Minuto 14: el golpe de Estudiantes

A los 14 del primer tiempo, cuando Central todavía no había hecho ruido, Estudiantes dibujó la jugada de manual que tanto le gusta a Eduardo Domínguez. Tobio Burgos se soltó por la banda, metió un centro pasado al corazón del área y Guido Carrillo, de espaldas, sirvió el pase corto para que Alexis Castro, con el arco a merced, empujara el 1-0. Silencio en el Madre de Ciudades para los rosarinos, euforia para los platenses. Era la primera llegada clara del Pincha y se transformaba en gol. Duro golpe para Central.

La obra de arte de Di María y el VAR como socio

El empate llegó con la firma del campeón del mundo. Tiro libre desde la puerta del área, a pocos metros de Fernando Muslera, y Di María le pegó con el alma: la pelota pasó la barrera y se clavó junto al palo. Golazo, de los que no se enseñan, de los que se miran y se vuelven a mirar. Central volvía a respirar.

Después, ya en tiempo adicionado, el VAR fue el invitado de lujo. A los 52, Herrera fue a chequear la pantalla por un agarrón de Tomás Palacios sobre Enzo Copetti dentro del área. Penal sin chistar. Y otra vez Di María, con esa sangre fría que parece no perder nunca, cruzó el remate y estampó el 2-1. Para ese entonces, el Fideo ya era dueño absoluto de la final.

Estudiantes se quedó sin aire por las lesiones

Como si el resultado no le alcanzara en contra, Estudiantes sufrió dos cambios seguidos por problemas físicos. Primero se lesionó Gabriel Neves, que terminó en una ambulancia rumbo a una clínica para estudios por un golpe en la muñeca izquierda. Entró Jalil Elías, pero el ingresado duró apenas unos minutos: se le trabó la pierna izquierda al intentar frenar a Gaspar Duarte y ni siquiera pudo terminar la jugada. Amarilla y afuera. Ingresó Fabricio Pérez. Así, el Pincha quemó sus dos ventanas en la primera etapa, justo cuando más las iba a necesitar para reaccionar.

Hay algo que no me canso de repetir cuando hablamos de clásicos y finales: estas no se ganan con nombre, se ganan con aguante, con cintura y con uno que se ponga el equipo al hombro. Hoy, al menos en estos primeros 45 minutos, ese jugador fue Di María, que ya sabe lo que es levantar copas grandes y se comportó como tal. Y un dato que pinta de cuerpo entero a Central: el Canaya llegaba a esta final por haber terminado primero en la tabla anual de 2025, mientras que Estudiantes la había ganado tras vencer a Platense en el Trofeo de Campeones. Dos caminos distintos, un mismo destino. Veremos quién se banca el segundo tiempo: si la jerarquía rosarina o el orgullo pincharrata. Hasta ahora, mío.

MN

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