De la panza y de lo que se le pone encima: apuntes para no desatender al intestino
Una nutricionista clínica y dos especialistas repasaron las claves cotidianas para cuidar la microbiota, desde la variedad de comidas hasta el uso responsable de los antibióticos, y remarcaron que las molestias que se repiten siempre merecen una consulta médica.
Lo vi otra vez en la feria del martes, cuando una clienta le contaba a la del puesto de al lado que llevaba meses con la panza inflada y que ya se había acostumbrado. Acostumbrarse, claro, esa es la palabra peligrosa. Porque convivir con gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no debería volverse una costumbre, y la especialista en nutrición clínica Marcie Vaske se encarga de repetirlo cada vez que puede: cuando esas molestias se prolongan, lo que corresponde es una evaluación profesional, no un consejo de pasillo ni un remedio que dijo un primo.
Y la insistencia tiene su porqué. Esas molestias pueden estar atadas a intolerancias, a enfermedades digestivas o a alteraciones de la microbiota, entre otras causas que una recomendación general no alcanza a resolver. Por eso, antes de buscar respuestas en la mesa del fondo, conviene empezar por entender qué es lo que se le viene encima al aparato digestivo con cada decisión del día.
La variedad como primer mandamiento
Una de las claves del cuidado cotidiano está, según las especialistas que repasaron el tema, en la variedad de lo que se come. La fibra alimenta a una parte de los microorganismos intestinales y se consigue en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud aconseja incluir esos grupos de alimentos en la dieta y llegar a un consumo diario de, como mínimo, 400 gramos de frutas y verduras.
Esa diversidad suele reducirse cuando se repiten pocas comidas y predominan los ultraprocesados, y la dietista Jenna Volpe advirtió que sostener ese patrón puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios. Los alimentos fermentados pueden ser un buen complemento de una dieta variada, pero incorporarlos no reemplaza una consulta si las molestias vuelven a aparecer.
- Variedad en el plato: sumar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales para aportar fibra y nutrir a los microorganismosintestinales.
- Alimentación ultraprocesada: reducirla porque su predominio puede alterar la microbiota y promover procesos inflamatorios.
- Alimentos fermentados: incluirlos como parte de una dieta diversa, sin convertirlos en sustituto de la consulta médica cuando reaparecen los síntomas.
- Antibióticos: usarlos solo con prescripción médica y completar el tratamiento indicado, ya que los innecesarios pueden afectar microorganismos beneficiosos.
- Actividad física: sumar entre 150 y 300 minutos semanales en adultos, como recomienda la OMS, para acompañar el funcionamiento digestivo.
- Estrés: atenderlo porque puede modificar los movimientos del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal.
En el intestino conviven bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas y en la obtención de energía a partir de los alimentos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos ubica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores capaces de modificar esa composición, que además cambia con el paso del tiempo.
Por eso importa también cómo se usan los antibióticos. Son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando están indicados, pero su utilización innecesaria puede afectar a microorganismos beneficiosos, y la recomendación sanitaria es terminarlos siempre tal como fueron prescriptos. El intestino, a su vez, no se desentiende de lo que pasa arriba de la cabeza: la gastroenteróloga Asma Khapra explicó que el estrés puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal, de modo que mover el cuerpo y ordenar los tiempos termina siendo parte del mismo paquete de cuidado.
“Acostumbrarse a las molestias digestivas es normalizar algo que no debería serlo, y la consulta profesional sigue siendo la herramienta que ninguna recomendación general puede reemplazar.”Marcie Vaske, especialista en nutrición clínica
Como me dijo esa mañana la señora de los pickles, mientras me estiraba un pebete con una sonrisa enorme: mientras la panza avise, mejor llamar al médico que adivinar en la verdulería.
