Cuando un libro se vuelve película y el guionista se vuelve loco: el quilombo que Nicolas Cage convirtió en arte
Adaptation cumple veintipico y sigue siendo la mejor excusa para recordar al Cage dramático, al Kaufman que se devora a sí mismo y a un Spike Jonze que dejó que todo se fuera de las manos en favor del mejor resultado.
Vayan preparándose porque lo que voy a contarles es, probablemente, la película más deschavada de principios de los dos mil. No, pará, no me malinterpreten: deschavada en el mejor sentido de la palabra, de esas que te dejan con la mandíbula floja y un libro bajo el brazo queriendo entender qué acabás de ver. Adaptation, que se estrenó en 2002, es el tipo de película que o la amás o la odiás, pero en ningún caso te deja indiferente. Y encima tiene a Nicolas Cage haciendo de dos hermanos gemelos, uno de los cuales es el guionista Charlie Kaufman. Sí, leyó bien: el que escribe la película escribe la película. ¿Se entiende? No importa, después se entiende. O no. Esa es la gracia.
El punto de partida es un libro de no ficción de Susan Orlean llamado The Orchid Thief, que cuenta la obsesión de un periodista con un jardinero que se roba orquídeas en los pantanos de Florida. Hasta ahí, todo normal. Lo que pasa es que a Kaufman le encargan adaptarlo y se le traba el mecanismo: no le sale, no le cierra, le paniquea. Entonces decide meter toda esa crisis en el guion mismo. El resultado es una película que habla de cómo se adapta un libro mientras intenta adaptarse ese mismo libro, con el autor perdiendo la cordura en tiempo real. Como género, inventaron uno nuevo: el meta-cine-neurótico rioplatense, bah, en realidad yanqui, pero el sentimiento es el mismo.
Un director, un guionista y un actor que se multiplica por dos
Spike Jonze venía de filmar la adaptación de otro libro inclasificable, el de Being John Malkovich, así que ya tenía el radar calibrado para este tipo de proyectos. Charlie Kaufman, en tanto, escribió el guion en lo que él mismo describió en la ficción como un colapso creativo total. Y Cage se calzó el traje de Charlie Kaufman y también el de su hermano Donald, un tipo más bien mediocre al que todo le sale mejor sin esfuerzo. Es el mejor sketch del filme: ver al mismo actor interpretando al tipo atormentado y a su contrapartida más mundana, casi un doppelgänger de carne y hueso.
- Adaptation (2002): la película del quilombo, con Cage en doble papel y Kaufman en modo autorretrato.
- Leaving Las Vegas (1995): el papel que le dio el único Óscar de su carrera, por lejos.
- Bringing Out the Dead (1999): bajo las órdenes de Martin Scorsese, con guion de Paul Schrader, en las ambulancias neoyorquinas.
- The Weather Man (2005): dirigida por Gore Verbinski, un drama disfrazado de comedia sobre un tipo al que se le cae la vida encima.
- Lord of War (2005): con Andrew Niccol, donde se calzó el traje de traficante de armas con cara de piloto de Aerolíneas.
Eso último me lleva a una reflexión que vengo haciendo hace rato. Hay como dos Nicolas Cage. El de los años noventa, que era un titán dramático, capaz de sacarse de encima a sus propios demonios en Leaving Las Vegas o de acompañar a Scorsese en las calles más turbias de Nueva York. Y el de los dos miles en adelante, que dicen que se volvió una especie de meme ambulante, de esos que filma cuatro películas por mes y aparecen en cualquier lado. Yo siempre digo lo mismo: el Cage meme es el mismo tipo que ganó el Óscar, lo que pasa es que Hollywood le cerró la puerta de los papeles serios y él, en lugar de quedarse llorando en un rincón, se reinventó como fábrica de sí mismo. Y la verdad sea dicha: tiene más laburo que el 90 por ciento de sus colegas.
Volviendo a Adaptation, la pregunta que me hago cada vez que la recomiendo es por qué no se habla más seguido de ella. Es de esas películas que en su momento tuvieron cierto revuelo -cuatro nominaciones al Óscar, incluida mejor guion adaptado-, se llevó un premio en los Independent Spirit por el guion de Kaufman y después se fue diluyendo en el catálogo de Netflix, esperando que alguien la rescate del fondo del pozo. Y sin embargo, mirándola hoy, sigue fresca. Sigue siendo raro ver a un actor haciéndose pasar por él mismo y por su hermano, mientras la historia de las orquídeas se cruza con una crisis existencial que no es ni comedia ni drama ni thriller ni nada. Es todo al mismo tiempo, como la vida misma.
El elenco que sostiene el disparate
Meryl Streep se anota como Susan Orlean con una elegancia que duele, porque está en modo contenido total, representando todo lo que a Kaufman-Cage le gustaría decir y no puede. Chris Cooper, por su parte, se roba la función como John Laroche, el jardinero obsesivo, y se llevó el único Óscar que la película ganó como mejor actor de reparto. Y del lado más conceptual, Tilda Swinton aparece brevemente como Valerie, la agente literaria que empuja a Kaufman a escribir, en una escena que es puro vértigo narrativo.
“Puedo ver todo, desde una fracción de segundo hasta millones de años, desde el más ínfimo detalle hasta la inmensidad del cosmos. En verdad no veo nada de eso. Sé que no veo nada de eso.”Charlie Kaufman, en el guion
Esa frase, que suena a disparate new age, resume como ninguna el espíritu de la película. Es Kaufman hablando de su bloqueo, pero es también el cine hablándole a la literatura y viceversa, en un ida y vuelta que Adaptation convierte en materia viva. Vale la entrada y un buen combo en el cine, si es que pueden encontrarla en una sala. O un domingo a la tarde en la compu, con la puerta del cuarto cerrada y cero culpa por no salir.
