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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que un adulto mayor taficeño debería saber antes de subirse al colectivo de la salud

Una revisión internacional advierte que perder dientes en la vejez se asocia con mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia, y que la inflamación de encías puede ser una señal a no desatender. Una guía práctica para entender por qué conviene cuidar la boca como se cuida la presión o el azúcar.

Por Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo · · hace 1 h
Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que un adulto mayor taficeño debería saber antes de subirse al colectivo de la salud

Estoy acá, en Tafí del Valle, con el cielo de las nueve de la mañana todavía frío y las montañas recortadas contra un sol que recién empieza a calentar las bardas. Mientras tomo un café con leche en una mesa de la plaza, pienso en algo que me llegó esta semana desde un portal de salud de la Universidad de Harvard y que me parece que tiene que ver con cualquiera de nosotros, o con nuestros viejos, o con los vecinos del pueblo que uno ve todos los domingos en la feria. Porque, a ver, ¿quién no tiene un diente flojo, una encía que sangra cuando se cepilla, o esa sensación de boca pasto que aparece después de los sesenta y pico? Resulta que la boca no es un capítulo aparte de la salud: parece ser, en buena medida, un termómetro del cuerpo entero.

Dientes que se van, cabeza que se nubla

La revista JAMDA publicó una revisión que juntó los resultados de 14 estudios sobre adultos mayores. El dato más fuerte, y el que más me dejó pensando, es este: las personas que habían perdido más de un diente después de los cincuenta presentaban cerca de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y un 28 por ciento más de probabilidades de terminar con un diagnóstico de demencia. Los propios autores aclararon que eso no quiere decir que la falta de dientes provoque, por sí sola, el deterioro de la memoria: es una asociación estadística, una luz amarilla que se enciende cuando se cruzan los datos. En esa madeja entran, dicen, la inflamación crónica de las encías, la alimentación que cambia cuando se mastica peor, el acceso desigual a la atención odontológica y las enfermedades previas que cada paciente arrastra.

Encías inflamadas, corazón en alerta

Lo que ya hace rato viene sonando en los consultorios, y que la guía de Harvard Health Publishing vuelve a poner sobre la mesa, es el vínculo entre la gingivitis, esa inflamación de encías que muchos tratan como algo sin importancia, y varias enfermedades que sí asustan: problemas cardiovasculares, obstrucciones en arterias, accidentes cerebrovasculares y complicaciones pulmonares. Tampoco acá está probada la causalidad directa, pero la repetición de los estudios ya alcanza, creo yo, para que dejemos de mirar la boca como un accesorio del cuerpo. Cuando esa inflamación se sostiene en el tiempo y nadie la trata, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen cada pieza y convertirse en periodontitis, que en casos avanzados significa, lisa y llanamente, perder dientes.

Y acá viene un costado que, como periodista y como hija, me toca de cerca: la pérdida de dientes cambia la vida cotidiana de los adultos mayores. Hay gente que empieza a evitar las reuniones, las sobremesas familiares, las fotos grupales, porque le da vergüenza sonreír o porque le cuesta pronunciar ciertas palabras. Ese retraimiento, en la vejez, pesa. Pesa porque empuja hacia el aislamiento, y el aislamiento, ya se sabe, es un enemigo silencioso de la lucidez. Cuidarse la boca, entonces, no es una cuestión de vanidad: es, también, una forma de seguir participando del mundo.

Molestias frecuentes que conviene no naturalizar

  • Sensibilidad dental: aparece cuando las encías se retraen y dejan la raíz expuesta, o cuando hay bruxismo, ese hábito de apretar o rechinar los dientes mientras se duerme. Una férula nocturna, indicada por el odontólogo, puede bajar la presión sobre las piezas.
  • Boca seca o xerostomía: llega cuando el cuerpo produce menos saliva y todo se vuelve más difícil, desde masticar un asado hasta pronunciar una palabra. Suele ser efecto secundario de varios medicamentos, pero también aparece asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades del sistema inmune.
  • Encías que sanglan al cepillarse: no es algo normal. Es la señal clásica de una gingivitis que pide consulta y, casi siempre, una limpieza profesional.

Cuánto cuesta y cómo se llega, en este pueblo

Acá en Tafí del Valle y en las localidades cercanas, una consulta odontológica general ronda los veinte mil pesos, dependiendo del profesional; una limpieza profunda puede ir de los treinta mil a los cincuenta mil, y una férula nocturna, entre cuarenta y ochenta mil. Para quienes tienen PAMI, la obra social de los jubilados cubre prestaciones básicas en centros habilitados, aunque los turnos suelen demorar varias semanas. Quienes viven en los barrios altos o en parajes como El Rodeo, La Angostura o Amaicha del Valle, conviene coordinar con anticipación el viaje en el colectivo de línea que sale desde la terminal de Tafí, porque las frecuencias no abundan y un turno perdido es tiempo perdido.

Qué recomienda la guía, en criollo

La guía de Harvard Health Publishing propone una lista de hábitos cotidianos que, bien mirados, no requieren esfuerzo extra, sino método: cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor, usar hilo dental o cepillos interdentales una vez al día, limpiar la lengua, cuidar la hidratación para evitar la boca seca, y visitar al odontólogo al menos una vez al año, aunque no duela nada. A eso se suman dos recomendaciones que suelo repetir: dejar de fumar y controlar el azúcar en sangre, porque el tabaquismo y la diabetes son dos aliados silenciosos de las enfermedades de las encías.

Antes de cerrar la nota le pregunté a doña Elsa Mamaní, vecina del barrio La Banda, que tiene setenta y tres años y todavía va todos los días a la feria de artesanías con su sonrisa amplia: qué hace ella para mantener la boca a tono con el cuerpo. Me miró con esos ojos achinados de quien ya vio llover y levantar, y me dijo, mientras acomodaba un par de pulseras: 'M'hija, yo me cepillo después de cada comida, aunque sea una sopita, y al odontólogo voy cada seis, lloviendo o nevando. La dentadura no es un lujo: es para seguir dando besos a los nietos sin dar vergüenza'. Tomá nota, como le digo yo siempre a quien me lee: la boca también cuenta.

GC
Gabriela ChaileTafí del Valle y turismo

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