Cuando bajar la grasa de más cruza la línea y empieza a cobrar caro: lo que el cuerpo te avisa y que muchos ignoran
Reducir la reserva adiposa por debajo de lo razonable puede alterar hormonas, desgastar músculos y hasta comprometer la respuesta del organismo ante una infección. Un recorrido por lo que dice la ciencia, con la voz de investigadores que llevan años mirando este tema de cerca.
En la feria de Simoca, mientras acomodaba unas telas sobre la mesa, doña Ramona me dijo al oído algo que me quedó sonando: "Mirá, hija, el cuerpo te pide cuando le falta". Yo estaba ahí por otro motivo, pero esa frase me volvió a la cabeza cuando me crucé con un estudio internacional que advierte algo que muchos pasan por alto: bajar la grasa corporal demasiado no es un mérito deportivo, sino un riesgo para la salud. Lejos de aquella idea de que mientras menos porcentaje mejor, lo que muestran los investigadores es que existe un punto a partir del cual el organismo empieza a pagar cuentas.
Por qué un solo número no alcanza
Durante mucho tiempo se instaló la idea de que el cuerpo se evalúa con un porcentaje de grasa y listo. Sin embargo, tal como sostienen los especialistas consultados por distintos medios anglosajones, esa lectura es incompleta. La edad, el sexo y, fundamentalmente, dónde se ubica el tejido adiposo cambian por completo el diagnóstico. Un abdomen abultado, por ejemplo, no es lo mismo que una grasa distribuida en caderas o muslos, ni en términos estéticos ni sanitarios.
A eso se suma un problema de fondo: los métodos de medición no siempre coinciden. Una balanza de bioimpedancia puede dar cifras muy distintas según si la persona está bien hidratada o no. Los pliegues cutáneos, tan populares en los gimnasios, no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la más peligrosa. Y la densitometría DEXA, que sí distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, requiere equipamiento costoso y no está al alcance de cualquiera.
- La bioimpedancia varía según la hidratación del momento.
- Los pliegues cutáneos no detectan la grasa visceral.
- La densitometría DEXA es la más precisa, pero también la menos disponible.
En un trabajo con más de setecientos deportistas, Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, participó de un estudio que dejó un dato revelador: los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres. Esos números están muy lejos del 1 o 2 por ciento que muchos imaginan cuando escuchan hablar de "definición muscular", una suerte de mito urbano del mundo del fitness que no se condice con lo observado en la práctica.
Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, fue categórica al ser consultada: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción calórica muy marcada reduce esas reservas, el cuerpo empieza a tomar energía del músculo, algo que termina afectando tanto la generación de tejido óseo como su reparación. Es decir, lo que parece un cuerpo "más en forma" puede ser, en los organismos, un cuerpo que se está comiendo a sí mismo.
“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, y el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Los cambios hormonales también aparecen en la lista de consecuencias. En hombres con una alimentación insuficiente, los niveles de testosterona pueden caer, y con ellos la energía y el rendimiento. En deportistas mujeres, los valores demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o directamente con la ausencia de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó un punto que a veces se olvida: disponer de pocas reservas dificulta la respuesta del organismo frente a infecciones graves.
La explicación pasa por las tareas silenciosas que cumple el tejido adiposo. Además de guardar combustible para los momentos de necesidad, produce leptina, una hormona que le dice al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae porque las reservas están en el piso, el cuerpo toma una decisión drástica: relegar lo menos urgente para ahorrar recursos. Algo así como cuando en una familia ajustan el presupuesto y se suspenden los gustos para llegar a fin de mes.
Que el exceso sea problemático no es ninguna novedad, pero los especialistas remarcan un detalle: lo que más preocupa no es la grasa que se ve, sino la que se acumula alrededor de los órganos, conocida como grasa visceral. Esa acumulación favorece la liberación de sustancias que inflaman al organismo y predisponen a enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
El panorama, entonces, no es de un extremo contra el otro, sino de un punto intermedio donde el cuerpo funciona como debería. Llevar las reservas de grasa a valores demasiado bajos no es una conquista, sino una señal de alarma. Y en la feria de los lunes, entre un manojo de acelgas y un tarro de miel, doña Ramona me lo volvió a repetir mientras juntaba el billete: "El cuerpo pide, hija. Hay que escucharlo". Esa, me parece, es la mejor síntesis de todo lo que dice la ciencia.
