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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Atrapado en una ballena y, peor todavía, atrapado en su propia familia

Brian Duffield filma a un hombre dentro de un cetáceo y, de yapa, lo obliga a arreglar las cuentas pendientes con un padre muerto. Austin Abrams hace el trabajo sucio. Yo salí con la sensación de que el drama pesa más que la ballena.

Por Lorena RoblesCultura y espectáculos · · hace 58 min
Atrapado en una ballena y, peor todavía, atrapado en su propia familia

Hay una regla no escrita en los festivales: si tu afiche dice "una experiencia inolvidable", ya arrancaste mal. El de Whalefall no llega a tanto, pero promete supervivencia extrema y, de regalo, un viaje emocional. Spoiler: las dos cosas pesan, y a veces pesan demasiado.

La película empieza donde casi nadie se anima: dentro del estómago de una ballena. Punto para Duffield por elegir un arranque que no se ve todos los días. El diseño del interior del animal es de lo mejor del filme: esa textura orgánica, húmeda, agobiante, transmite la ansiedad de morirse en un lugar del que no se puede llamar al seguro.

Del estómago de la ballena al living de la casa

El truco, que a mí me cierra a medias, es que el conflicto físico es apenas la puerta de entrada. El verdadero quilombo está adentro del protagonista: un hijo cargando la relación rota con su padre muerto. Flashbacks, conversaciones imaginarias, frases que llegaron tarde. El material va y vuelve entre la lucha por zafar y la pelea por entender al viejo que ya no está.

  • El entorno: claustrofóbico, con un diseño de producción que justifica la entrada.
  • El motor dramático: la herida con el padre, lo no dicho, las despedidas que no se concretaron.
  • El intérprete: Austin Abrams sostiene casi todo, con un trabajo físico y emocional parejo.
  • El riesgo: el tono recuerda a Ad Astra, y depende mucho de con qué onda entre cada espectador.

Abrams carga con la película casi en soledad. Ya lo vimos en Resident Evil, donde se las arregló con poco, y acá vuelve a confirmar que tiene oficio para sostener plano fijo cuando la historia lo pide. El tramo final apuesta fuerte a los efectos generados por computadora y a una resolución más grande, pero el camino hasta ahí tiene momentos repetidos, propios de un espacio donde las opciones de escape son, por diseño, pocas.

“¿Le gana o le pierde al cine de supervivencia cuando se le cuelga un drama familiar en el medio?”La pregunta que sobrevuela toda la sala

Mi veredicto, en la escala de siempre: vale la entrada. No es perfecta, y a ratos el drama pesa más que la ballena, que ya es decir. Pero Duffield apuesta a algo más que un simple hombre-contra-naturaleza, y eso se agradece. Una recomendación sin firma: queden hasta los créditos. Hay un detalle sobre el padre que, cuando lo pesqué, me cambió el humor de toda la película.

LR
Lorena RoblesCultura y espectáculos

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