Almacenes de barrio en territorio bonaerense: ventas más chicas y góndolas que giran hacia las marcas más baratas
La Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires advierte que alrededor del 40% del ingreso mensual se consume en servicios, transporte y salud antes de la primera compra de alimentos. El cuadro se traduce en tickets más flacos, recambio hacia segundas y terceras marcas y un cambio de estrategia en el manejo de stock.
Los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires atraviesan una etapa en la que la decisión de compra se define mucho antes de que el cliente cruce la puerta. El boleto de colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz se llevan una porción del sueldo que, de acuerdo con Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, ronda el 40% del ingreso mensual. "Todos hablan de un 40%", resumió el dirigente, y agregó una frase que condensa la película en una línea: "Solo el 60 queda para vivir".
Compras más chicas y comparación permanente de precios
Ese margen más estrecho reconfigura el día a día en los locales. "La gente compra lo justo y necesario", describió Savore al describir lo que escucha a diario en los almacenes del sector, donde los clientes no solo achican la cantidad de unidades sino que además comparan precios dentro de una misma categoría y optan por alternativas más accesibles antes de pasar por la caja. La consecuencia directa es un ticket promedio más bajo y una pelea por cada centavo en categorías como panificados, fideos, galletitas y lácteos.
Las marcas PYME avanzan sobre la góndola
- Pan lactal de 600 gramos: primera marca alrededor de 6.000 pesos; opción PYME cerca de 3.000 pesos.
- Fideos: primera marca hasta 4.000 pesos; alternativa económica desde 1.200 pesos.
- Galletitas: "las tres cuartas partes de la góndola son empresas PYME", según Savore.
- Leche: aumento del 4% en lácteos durante el mes pasado y precio por encima de los 2.000 pesos el litro.
En paralelo, varios almacenes de barrio encontraron una vía para sostener el volumen de ventas y, a la vez, ofrecer precios más bajos: comprar productos a granel y fraccionarlos en el propio local en porciones equivalentes a las de caja. Una caja de cereales de marca tradicional ronda los 8.000 pesos; fraccionada en el comercio, el mismo gramaje baja a 3.000 pesos. Con la avena ocurre algo similar: la versión envasada en el almacén sale 2.000 pesos frente a cajas de marcas conocidas que se acercan a los 5.000 pesos.
Menos remarcaciones y fin del acopio defensivo
El ritmo de los aumentos también modificó la manera en que los almacenes administran su stock. Con una inflación más lenta, los comerciantes ya no necesitan acumular mercadería como cobertura ante remarcaciones diarias. "Depósito no neces...", alcanzó a sintetizar Savore antes de que la declaración quedara cortada en el material relevado, aunque la idea de fondo es clara: la incertidumbre dejó de empujar al almacenero a comprar de manera preventiva y el dinero que antes se destinaba a stock defensivo hoy queda disponible para aceitar la rotación y mejorar precios de góndola. En ese contexto, la pelea por cada visita se libra en el último metro de la góndola y la estrategia ganadora, por ahora, pasa por ofrecer la marca más barata antes que la más conocida.
