Cuando el piano suena en la infancia: qué dice la ciencia sobre música y aprendizaje
Un estudio de la Universidad Northeastern reunió a 76 chicos de entre 7 y 9 años y encontró mejores puntajes cognitivos y escolares entre quienes tocaban un instrumento. La investigación no prueba causalidad, pero abre una puerta interesante para las familias.
Imaginate una tarde cualquiera en Tafí del Valle: el viento mueve los eucaliptos, el aire huele a jarilla y, en alguna casa de piedra, un chico de ocho años pelea con una escala en el piano mientras la madre insiste con que practique media hora más. Esa escena, que se repite en miles de hogares argentinos, es justo el punto de partida de un estudio reciente de la Universidad Northeastern, en Estados Unidos, que volvió a poner sobre la mesa el vínculo entre la formación musical y el rendimiento escolar.
El trabajo comparó a 76 niños de entre 7 y 9 años, divididos en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento —en su mayoría piano o cuerdas— con al menos 30 minutos semanales de práctica, y la otra mitad no tenía formación musical. Los investigadores evaluaron memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario, aprendizaje visual y auditivo, y también los resultados en lectura, escritura y matemáticas.
Los hallazgos principales
- Los chicos que tocaban un instrumento mostraron mejores puntajes en memoria de trabajo, la capacidad de retener información breve mientras se resuelve una tarea.
- También rindieron mejor en razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo.
- En las pruebas escolares, las diferencias se notaron en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
- Las resonancias magnéticas realizadas a 50 participantes mostraron diferencias en una vía cerebral que conecta regiones de audición, lenguaje y movimiento.
Para Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, la clave está en lo que ocurre cuando un chico lee una partitura, mantiene el ritmo y coordina ambas manos al mismo tiempo. Esa multiplicidad de tareas exige poner en juego las llamadas funciones ejecutivas: planificar, sostener la atención, controlar impulsos y adaptarse a los cambios. Algo parecido señaló Anita Collins, investigadora y educadora musical, al remarcar que aprender un instrumento entrena la escucha activa, la planificación y la autorregulación.
Ahora bien, acá viene el llamado de atención que los propios autores hacen y que a mí, como mamá, me parece clave: el estudio no demuestra que las clases de música hayan causado esas diferencias. Los chicos no fueron asignados al azar a tocar o no tocar. Es probable que las familias que ofrecen formación musical también faciliten otras experiencias educativas, libros, viajes, conversaciones, que influyen en el aprendizaje. Los investigadores compararon grupos de condiciones socioeconómicas similares, pero esa precaución no alcanza para descartar otros factores.
A esto se suma otro punto sensible, sobre todo en la Argentina de hoy: el costo. Una cuota de conservatorio, un instrumento medianamente digno y el traslado a la clase pueden quedar fuera del alcance de muchos bolsillos. Los propios investigadores lo plantearon como una limitación: la formación musical intensiva es un privilegio, y los resultados de este tipo de estudios reflejan en parte esa desigualdad de acceso.
Qué tener en cuenta antes de anotar a tu hijo
- La música puede ser un buen complemento, pero no reemplaza el apoyo escolar ni otras rutinas de estudio.
- No hace falta un piano de cola: hay programas barriales, orquestas infantiles y escuelas municipales con instrumentos en préstamo.
- Si la economía aprieta, existen alternativas accesibles como la guitarra, el ukelele o aplicaciones gratuitas para iniciarse.
- Lo más valioso, según los especialistas, es la constancia: media hora por semana sostenida en el tiempo.
Antes de cerrar, una recomendación de alguien que vive la música desde hace décadas. Doña Marta Suárez, profesora de piano retirada delCentro Cultural Tafí, me dijo mientras tomábamos mate en su galería: «Yo no les prometo a los padres que el chico va a sacar mejores notas. Les prometo que va a aprender a escuchar, a esperar su turno y a equivocarse sin frustrarse. Lo demás, si llega, bienvenido». Esa frase, me parece,resume bastante bien lo que la ciencia intenta medir y lo que, en el fondo, mueve a una familia a inscribir a su hijo en una clase de música.
